Francisco Javier García Gaztelu, conocido como Txapote, es considerado el último gran líder de ETA según los expertos en lucha antiterrorista. Desde su encarcelamiento en el Centro Penitenciario de Zaballa, en Álava, mantiene su postura de rechazo ante cualquier privilegio penitenciario, específicamente el artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario, que permitiría su salida al trabajo de lunes a viernes. Esta decisión se basa en su negativa a aceptar beneficios que él considera un reconocimiento del Estado.
Txapote, responsable del asesinato del concejal del PP Miguel Ángel Blanco en julio de 1997, ha recibido en varias ocasiones ofertas de semilibertad, las cuales ha rechazado. Fuentes consultadas indican que su argumento es que aceptar tales condiciones sería entrar en el juego del Estado. Este rechazo lo sitúa en un grupo específico de presos de ETA que se opusieron a la vía Nanclares, donde varios terroristas se desvincularon de la lucha armada admitiendo el daño que causaron.
El entorno carcelario de Zaballa, donde se encuentra Txapote, incluye a más de una decena de presos de ETA, siendo él quien lidera dicho grupo. Este ha sido catalogado por expertos como “el jefe más importante en la historia” de la organización terrorista, comparado incluso con figuras emblemáticas como Eustakio Mendizabal, conocido como Txikia, y José Miguel Beñarán ‘Argala’. Quienes lo han perseguido a lo largo de su vida destacan su evolución desde un miembro de la ‘kale borroka’ a un líder ideologizado y carismático que se ha ganado el respeto de sus compañeros de prisión.
Recientemente se conmemoran 25 años desde su detención en el sur de Francia. En este contexto, cobra relevancia una carta firmada en noviembre de 2024 por los presos de Zaballa, que se publicó en la revista ‘Kalaputxi’ de Mutriku. En ella, se defendía que los internos eran “una brasa incandescente sin apagar” a pesar de que ETA anunció el cese definitivo de su actividad armada hace casi quince años, el 20 de octubre de 2011. Aseguran que la lucha “por la liberación de Euskal Herria” continúa vigente.
En este comunicado, los presos afirmaban: “Todavía tenemos un papel que desempeñar: el de mantener la legitimidad de la lucha política que nos llevó a la cárcel”. Esta declaración refleja la resistencia de Txapote a aceptar la legalidad penitenciaria y su visión de que aún tienen un rol en la lucha. Critican la postura de la izquierda abertzale más institucionalizada, liderada por Arnaldo Otegi, acusándola de sumisión.
La actitud de Txapote y sus constantes rechazos a la semilibertad sugieren que no hay un arrepentimiento por su pasado. A pesar de haber disfrutado de permisos extraordinarios, fuentes del centro penitenciario indican que está satisfecho en la cárcel y no tiene intención de solicitar permisos. Además, a pesar de su carisma, Txapote se mantiene reservado y evita cualquier contacto con los medios de comunicación, aunque su figura continúa siendo relevante en el imaginario colectivo de la sociedad vasca.
Cumplidos 60 años, su legado permanece en la memoria social, marcada por los crímenes que cometió. Policias que lo persiguieron lo recuerdan como un “referente” para otros miembros de ETA, destacando su capacidad de escapar en situaciones de peligro y su actitud desafiante. En un momento de transformación para la izquierda abertzale, la figura de Txapote resuena como símbolo de una lucha que, a sus ojos, sigue viva.
La situación actual en el entorno carcelario de Zaballa y la figura de Txapote ilustran la complejidad del fenómeno de ETA y la percepción que tienen algunos de sus integrantes sobre su legado. Con el tiempo, se seguirá observando cómo se desarrollan las dinámicas en torno a esta figura y su influencia en el discurso político vasco.




























































































