El famoso cuadro Guernica, creado por Pablo Picasso en 1937 como apoyo al Gobierno de la República, ha suscitado una intensa controversia en las últimas semanas. Este debate se centra en su traslado a una exposición temporal que se llevará a cabo en el Guggenheim Bilbao, programada del 1 de octubre de 2026 al 20 de junio de 2027.
Un informe técnico elaborado por el Museo Reina Sofía expresa una fuerte recomendación en contra de mover la obra. Según el documento, el Guernica es particularmente sensible a vibraciones debido a su tamaño monumental y su delicado estado de conservación. Las dimensiones del lienzo son 349,3 centímetros de alto por 776,6 cm de ancho, lo que complica cualquier intento de transporte sin desclavar el cuadro de su bastidor.
El traslado podría ocasionar daños adicionales, generando nuevas grietas y poniendo en riesgo la integridad del cuadro, que ya muestra signos de deterioro tras años de exposición y desplazamiento. Un análisis detallado revela la presencia de redes de microfisuras en diversas áreas del lienzo, así como considerables pérdidas de materia en sus bordes.
La postura del Gobierno Vasco, expresada por el lehendakari Imanol Pradales, es de firme defensa del traslado. Pradales ha solicitado «valentía política» al Ejecutivo de Pedro Sánchez, subrayando la necesidad de que el proceso se base en criterios técnicos y profesionales. A pesar de las advertencias del informe del Museo Reina Sofía, el Gobierno Vasco continua solicitando la respuesta formal respecto al traslado del Guernica.
El cuadro ha tenido una historia de viajes significativos a lo largo de sus 90 años de existencia, siendo descrito como «el cuadro que más ha viajado en la historia reciente». A pesar de los riesgos implicados en su traslado, el Gobierno Vasco se mantiene optimista en que esta vez logrará que la obra regrese a Euskadi.
El contexto político se vuelve más complejo con la oposición de figuras clave, como la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien ha calificado las demandas de traslado como «ciegas, absurdas y catetas». Ayuso defiende que el patrimonio cultural debe ser un bien común para todos los españoles y rechaza la idea de que se divida según regiones. En sus declaraciones, sostiene que la cultura es universal y que el traslado podría comprometer la obra.
En respuesta a este planteamiento, el presidente del PNV, Aitor Esteban, ha criticado las declaraciones de Ayuso, indicando que la memoria histórica no se puede reducir a un debate trivial. Para Esteban, es fundamental valorizar la importancia del Guernica dentro del contexto vasco y su relación con la historia del país.
El informe del Museo Reina Sofía concluye que cualquier intento de traslado podría resultar en daños irreparables. Las vibraciones inherentes al movimiento del cuadro podrían dar lugar a nuevas grietas y desgarros, comprometiendo aún más la ya frágil capa pictórica. En particular, se destaca una grieta vertical en el cuello del caballo, que presenta pérdidas en la pintura y otros signos de deterioro.
La restauración efectuada en el MoMA en 1964, que implicó la repintura de las grietas más significativas y el uso de cera, también ha contribuido a la vulnerabilidad del Guernica. Este antecedente añade una capa de complejidad al debate sobre su posible transporte, ya que cualquier movimiento podría afectar la integridad de las intervenciones previas.
Finalmente, el MNCARS ha adjuntado un histórico de peticiones de traslado al Real Patronato, todas ellas rechazadas. A pesar de los informes técnicos que desaconsejan el movimiento de la obra, el Gobierno Vasco sigue insistiendo en su demanda de que el Guernica regrese a su tierra natal, reafirmando su compromiso con la cultura y la identidad vasca.





























































































