El Gobierno Vasco ha puesto de manifiesto una problemática creciente en el ámbito rural, relacionada con las tensiones que surgen entre la población urbana que se traslada a las zonas rurales y los agricultores y ganaderos que ya residen allí. La consejera María Ubarretxena ha expresado su preocupación por los conflictos sociales que se están generando como resultado de estas nuevas dinámicas. Según Ubarretxena, “en muchas zonas rurales, la actividad agraria ha pasado a ser residual. Incluso molesta, y estamos empezando a tener problemas derivados de las expectativas que cada ciudadano pone cuando va a residir a la zona rural”.
En su intervención, Ubarretxena destacó ejemplos concretos de estas tensiones, como las quejas de vecinos que se sienten inconvenientes por la presencia de ganado o por las actividades propias de la agricultura. A su juicio, estos conflictos son cada vez más frecuentes, lo que podría alterar el futuro de las zonas rurales. En este sentido, la consejera ha señalado que la convivencia entre estos nuevos residentes y los que ya viven en los pueblos está siendo un desafío importante.
La presentación de la nueva Estrategia de Desarrollo Rural hasta el año 2030 ha sido el escenario donde se han planteado estas reflexiones. Este plan incluye 38 acciones concretas dirigidas a mejorar la vida en los pueblos, facilitando tanto los servicios como los equipamientos necesarios. Sin embargo, no aborda de manera directa las quejas que surgen de los urbanitas, aunque Ubarretxena ha afirmado que es un aspecto que se considerará en futuras estrategias.
Por otro lado, Iker Aguirre, vicepresidente de la Unión de Agricultores y Ganaderos de Álava (UAGA), ha compartido su perspectiva sobre la situación. En una reciente entrevista en la Cadena Ser, Aguirre ha señalado que muchos de los nuevos habitantes llegan a los pueblos con una visión romántica del campo, sin comprender que se trata de un espacio de trabajo. “En general, es un medio de trabajo y hay tractores que van de un lado para otro, se madruga y, si hay ganado, hay olores y ruidos que son extraños para la gente que llega de la ciudad”, ha explicado.
Aguirre también ha indicado que se han registrado conflictos entre explotaciones ganaderas y nuevos vecinos. En la Llanada Alavesa, por ejemplo, se han producido numerosas quejas, lo que ha llevado a una situación de tensiones entre la agricultura y la nueva población. “Hay mucha gente que viene de las ciudades que se adapta y no hay ningún problema. Se convive perfectamente con ellos, pero hay gente que no quiere adaptarse”, ha manifestado Aguirre, enfatizando la necesidad de proteger la actividad agraria ante estas quejas.
La situación es compleja, y aunque algunos nuevos residentes se adaptan sin problemas, otros generan conflictos que afectan la actividad agraria. En localidades como Zuia, se han vivido momentos de tensión, especialmente donde la presencia de nuevos vecinos ha chocado con las prácticas tradicionales de los agricultores. La situación se complica aún más cuando se trata de la circulación de ganado por las calles de los pueblos, algo que ha suscitado quejas por parte de los urbanitas.
Aguirre ha planteado la necesidad de educar a la población sobre la realidad del campo, sugiriendo que la imagen idílica que muchos tienen no se corresponde con la vida cotidiana de los agricultores. “Quizás haya que educar en que el campo no es algo idílico”, ha afirmado. La llegada de nuevos vecinos, sin embargo, no es un fenómeno del todo negativo; algunos contribuyen al dinamismo de las comunidades rurales. “Nos hace falta gente que venga a los pueblos porque tenemos casas vacías en las que son bienvenidos”, ha indicado Julen Ibarrola, vicepresidente de ACOA, la Asociación de Concejos de Álava.
La situación de los agricultores y ganaderos en el contexto actual plantea una serie de retos que requieren atención inmediata. La defensa de su forma de vida y de su actividad productiva se vuelve esencial para mantener la viabilidad de las zonas rurales. Es fundamental encontrar un equilibrio que permita la convivencia armónica entre los nuevos residentes y los que han hecho del campo su hogar y su trabajo. La próxima estrategia del Gobierno Vasco deberá incluir medidas que aborden estos conflictos para asegurar un futuro sostenible para el medio rural.




























































































