La reciente declaración de Arnaldo Otegi, coordinador de EH Bildu, ha generado un amplio debate en el ámbito político vasco. Su afirmación de que el sufrimiento de las víctimas de ETA debe ser reconocido y que “eso nunca debió ocurrir” ha sido interpretada como un posible cambio en la dinámica de las relaciones entre los partidos. Esta postura es vista por algunos como un paso hacia la normalización de las relaciones, lo que podría facilitar futuros pactos políticos. Sin embargo, persisten dudas sobre la sinceridad de estos avances.
Desde el seno del Partido Socialista de Euskadi (PSE), se reconoce que la declaración de Otegi abre una «nueva etapa» en la política vasca. El portavoz del grupo parlamentario, Eneko Andueza, ha indicado que este avance es significativo y necesario, aunque aclara que todavía hay camino por recorrer antes de establecer acuerdos más formales. A pesar de este optimismo, algunos sectores del PSE y de Elkarrekin Podemos siguen cuestionando la sinceridad de EH Bildu en su compromiso con la paz.
La interacción entre EH Bildu y PSE ha ido aumentando, especialmente en la Cámara de Vitoria, donde han llegado a acuerdos en temas como la legislación sobre vivienda. Este mes, los grupos municipales del PSE y EH Bildu en Eibar han alcanzado pactos estratégicos, lo que deja claro que estas formaciones buscan colaborar en áreas de interés común, aunque los desafíos siguen siendo considerables.
A pesar del avance en las relaciones, PNV se mantiene cauteloso. Tanto el lehendakari Íñigo Urkullu como el presidente del partido, Andoni Ortuzar, han expresado su desconfianza hacia los movimientos de EH Bildu y han demandado una postura más contundente en la condena de la violencia. En este contexto, Andueza ha señalado que la estrategia del PNV parece centrarse en generar preocupación sobre el crecimiento de la izquierda abertzale.
En cuanto a la posibilidad de un acuerdo entre las fuerzas de izquierda, Pilar Garrido, secretaria general de Podemos Euskadi, ha afirmado que en un futuro se podría formar un tripartito que priorice políticas sociales. Sin embargo, reconoce que para que esto suceda, EH Bildu deberá condenar la violencia de manera más clara y consistente.
Esto plantea interrogantes sobre la capacidad de la izquierda abertzale para avanzar hacia un consenso político más amplio. A pesar de los avances de Sortu en esta dirección, algunos líderes y expertos en política vasca advierten que las dificultades son enormes y que la sinceridad de estos esfuerzos es cuestionada por muchos.
La historia reciente de la izquierda abertzale, que ha visto un proceso de transformación significativo desde los tiempos de Herri Batasuna, también juega un papel crucial en este contexto. La condena de la violencia en los estatutos de Sortu en 2012 fue un paso importante hacia la legitimación política. Sin embargo, la percepción pública y la confianza en que estas palabras se traduzcan en acciones tangibles siguen siendo un desafío.
En conclusión, la declaración de Otegi y el posterior debate suscitado reflejan un momento de cambio en la política vasca. Si bien hay señales de progreso, todavía es necesario observar cómo se desarrollan las relaciones entre los diferentes actores y si se puede lograr una colaboración efectiva que beneficie a la ciudadanía. Las próximas semanas y meses serán clave para definir si realmente estamos ante una nueva etapa en la política vasca o si las dudas persistirán.


























































































