El documental “Hutsune handi bat”, creado por Anne Zufiaur y dirigido por Alex Areizaga, se presenta como un testimonio conmovedor de una crisis sociosanitaria que marcó a Gipuzkoa en las décadas de los 80 y 90. La pieza busca abordar el impacto devastador de la heroína y el SIDA en las comunidades de Zumarraga y Urretxu, donde se registraron las muertes de 115 jóvenes en un periodo de menos de quince años. Este trabajo, que surge de un proyecto académico, tiene como objetivo dar voz a los recuerdos que aún permanecen en el silencio.
Zufiaur, oriunda de Zumarraga y entonces estudiante universitaria, inició este proyecto en 2018. Reconoció la necesidad de explorar una realidad que afectaba de manera tangencial a su entorno, pero que había sido poco documentada. “Cuando comencé mi investigación, comprendí que se trataba de una temática cercana a muchas personas y con un impacto que me sorprendió”, explica. Su primer intento, aunque más breve y amateur, resultó ser el punto de partida para una producción más elaborada que ha resonado en la comunidad.
La directora recuerda que el proceso de filmación fue un desafío emocional, ya que se enfrentó sola a las historias de aquellos que sufrieron las consecuencias de esta crisis. «El primer documental fue más duro de grabar porque yo estaba sola con una cámara, a los 21 años, hablando con personas que compartieron experiencias inimaginables», añade. Aunque el SIDA y la heroína también afectaron a otras localidades de Gipuzkoa, decidió enfocar su trabajo en su pueblo natal.
Durante la producción, se hizo evidente que la herida sigue abierta. Zufiaur destaca que el tema ha permanecido en la penumbra, sin aparecer en libros de historia ni en las conversaciones cotidianas. “Es una realidad que ha marcado a muchas generaciones y familias, y que sigue siendo un verdadero tabú”, afirma. El documental incluye los relatos de 13 familiares y otros testigos que vivieron esta dura etapa, de modo que, aunque los protagonistas no puedan estar presentes, sus historias se cuentan a través de voces que los recuerdan.
La autora espera que su trabajo sirva como un espacio seguro para recordar y reiniciar conversaciones que se habían evitado por años. “Deseo que esto dé voz a quienes no están y que sirva para evitar que se repitan situaciones similares”, concluye. Antes de su estreno, programado para el próximo 12 de marzo a las 18:30 horas en la sala Zelai Arizti de Zumarraga, ya se ha notado un cambio en la percepción de la comunidad sobre el tema, que ahora se discute sin el estigma que lo rodeaba anteriormente.
El director Alex Areizaga ha optado por una narrativa íntima, utilizando planos cerrados para que el público pueda conectar emocionalmente con los protagonistas. “Hemos incorporado material de archivo que añade fuerza a la historia. Las imágenes de ‘Telefrisco’ del barrio de San Francisco, que vivió experiencias similares, enriquecen el documental”, explica. Areizaga también establece paralelismos entre la llegada del SIDA y la reciente crisis del COVID-19, destacando la incertidumbre que ambas situaciones generaron.
El estigma social que acompañó a las víctimas de esta crisis es un aspecto que no se puede pasar por alto. “La etiqueta de ‘yonki’ que se aplicó a muchos jóvenes no refleja la complejidad de lo que sucedió. Muchos de ellos cometieron errores, pero en contextos muy difíciles”, señala el director. Este estigma ha perpetuado el dolor y la incomprensión en la comunidad.
El alcalde de Zumarraga, Mikel Serrano, enfatizó en la presentación del documental que esta producción representa “una deuda histórica con nuestros vecinos”, reconociendo el dolor que ha perdurado en la memoria colectiva. Añadió que hay familias que, lamentablemente, llegaron a perder hasta cuatro hijos durante este periodo. El ayuntamiento se ha comprometido a duplicar la recaudación de la primera proyección, que tendrá un coste de 3 euros, destinando los fondos a asociaciones que trabajan en la concienciación sobre el consumo de drogas y el apoyo a las víctimas del SIDA.
Por su parte, Goizane Álvarez, diputada foral de Cultura, resaltó la importancia de las instituciones públicas en el apoyo a iniciativas culturales que buscan reconstruir la memoria colectiva. “Las ayudas públicas son fundamentales para que proyectos académicos se conviertan en iniciativas culturales que aborden heridas sociales aún presentes”, comentó.
“Hutsune handi bat” no busca cerrar una herida, sino iluminarla y proporcionar entendimiento. Al abordar una crisis que dejó una huella imborrable en la sociedad, el documental se plantea como un ejercicio de memoria colectiva y una oportunidad para transformar el silencio en diálogo.




























































































