El bar-restaurante Alameda, ubicado en Zumarraga, ha sido reconocido recientemente con un Solete por la guía Repsol. Este distintivo se concede a aquellos establecimientos populares que destacan por su singularidad y autenticidad, y el Alameda es un claro ejemplo de ello. La guía ha querido premiar un negocio familiar que se ha ganado la fama por ofrecer comida casera en un ambiente acogedor, donde los comensales siempre quedan satisfechos.
Fundado hace 42 años por Tina Alejandro, originaria de Villalón de Campos (Valladolid), el bar ha sido un lugar de paso para muchos. Tina, que inició su trayectoria en los mercados, decidió abrir el bar Jofamar antes de dar el salto al Alameda. Desde entonces, ha trabajado incansablemente, y hoy son sus hijos —Ángel, Tina y Carlota— quienes gestionan el negocio junto a ella, quien continúa presente en el local cada día.
La historia del Alameda está íntimamente ligada a la evolución de Zumarraga. En sus inicios, el bar atraía a clientes que venían a disfrutar de una buena comida y de juegos de cartas. “Antes había un gran número de camioneros que paraban aquí”, recuerda Tina. Muchos de ellos provenían de la empresa Orbegozo, lo que hacía que el bar se convirtiera en un punto de encuentro habitual para estos trabajadores, quienes a menudo pasaban allí la noche y cenaban en el local.
La hermana de Tina recuerda que aquellos camioneros, en su mayoría franceses, solían llevarse numerosas botellas de Ricard, un licor que en Francia es muy popular. “Siempre teníamos una buena cantidad para ellos”, añade, destacando la importancia de ese producto en el bar. En tiempos en que los teléfonos móviles no existían, el bar también servía como un punto de contacto, donde los camioneros dejaban sus números para que los llamaran sus agencias.
Hoy en día, el perfil de los clientes ha cambiado. Si bien han disminuido los camioneros, el bar sigue siendo un lugar de encuentro para la comunidad local, incluyendo a personas del hospital, del geriátrico y del polígono industrial cercano. “También recibimos a muchos vecinos y a quienes están de paso, ya que estamos a las afueras del pueblo”, explica Tina.
Transformación del negocio
La forma de operar ha cambiado notablemente, especialmente tras el cierre de la planta de ArcelorMittal en la zona. “Antes ofrecíamos muchos menús del día y cenas, pero ahora hemos adaptado nuestra oferta”, señala Tina. Aunque el menú del día sigue disponible, han reducido las cenas y han incrementado la variedad de pintxos, los cuales se han vuelto más relevantes en su carta.
El bar abre a las 7:00 para servir desayunos y, durante el fin de semana, solo los sábados ofrecen un menú especial. Además, han comenzado a facilitar la comida para llevar mediante redes sociales. “Nuestra barra es espectacular, trabajamos mucho en ofrecer pintxos clásicos como albóndigas, lengua o merluza, que requieren más dedicación”, explica. La colaboración con Juanjo, de la carnicería ATA, también ha sido clave en su éxito. “Y mi madre también prepara deliciosos postres”, añade con orgullo.
A pesar de los reconocimientos, como el Solete de la guía Repsol, el futuro del Alameda es incierto. “No hay muchos lugares como este y, lamentablemente, no habrá un relevo”, lamenta Tina. “Ángel tiene 62 años, yo 60, y aunque estamos acostumbrados a trabajar juntos, si uno de nosotros se va, será complicado continuar”. Este domingo celebrarán su éxito con una comida especial en el restaurante, reafirmando así su compromiso con la gastronomía local y la tradición familiar.































































































