Manuel Ignacio Santa Cruz Loidi, conocido como el cura Santa Cruz, ha vuelto a captar la atención pública tras la propuesta del Ayuntamiento de Elduain, su localidad natal, para repatriar sus restos con motivo del centenario de su fallecimiento, que se conmemora el próximo 10 de agosto. Este clérigo, que tuvo un pasado como guerrillero durante la Tercera Guerra Carlista, es una figura controvertida tanto en su época como en la actualidad.
Las primeras gestiones para llevar a cabo esta repatriación han comenzado, incluyéndose contactos con el consulado español en Colombia. Sin embargo, estos trámites se encuentran en una etapa muy preliminar y tanto el ayuntamiento como la Sociedad de Ciencias Aranzadi han preferido no ofrecer más detalles por el momento.
El cura Santa Cruz reposaba en una pequeña iglesia en el corregimiento de San Ignacio, en la provincia de Pasto, Colombia, donde falleció. Su legado es recordado en una lápida en la entrada de dicho templo. Curiosamente, su deseo final fue que sus restos regresaran a San Ignacio, lugar donde dedicó gran parte de su vida a educar y guiar a los habitantes locales, construyendo una ermita y un convento en la región.
Las últimas palabras que pronunció antes de su muerte, ocurrida el 10 de agosto de 1926, fueron «Volvedme a San Ignacio». Se encontraba regresando de dar una misa cuando enfermó, y su salud se deterioró rápidamente en el camino de vuelta a Pasto. Su vida en esa aldea fue un proyecto personal que abarcó más de tres décadas, dedicándose a la comunidad indígena local.
Interesantemente, se han descubierto recientemente 15 cartas que muestran la transformación de Santa Cruz de guerrillero a misionero. Estas cartas, halladas en un archivo familiar en Navarra, abarcan desde 1874 hasta 1919 y reflejan su arrepentimiento por su pasado violento. En ellas, el clérigo expresa su deseo de renunciar a la violencia, afirmando incluso que, a pesar de ver «quemar España entera», no regresaría al ámbito militar.
El padre Loidi, como se le conoció en Colombia, arribó a Pasto en 1892, donde buscó refugio en la casa de la Compañía de Jesús. En sus años en el país sudamericano, se alejó de las sombras de su anterior vida como guerrillero, convirtiéndose en un miembro respetado de la comunidad. Antes de su partida, su figura había sido objeto de tanto temor como veneración, y fue retratado por autores destacados en sus obras.
Nacido el 23 de mayo de 1842 en Elduain, fue nombrado párroco de Hernialde en 1866. Su inclinación hacia el carlismo se intensificó tras la revolución que derrocó a la reina Isabel II en 1868. Detenido al inicio de la guerra, logró escapar a Francia en 1870 y regresó más tarde a liderar una partida guerrillera en Gipuzkoa y Navarra, donde se hizo famoso por sus tácticas audaces.
Su vida estuvo marcada por la captura, la fuga y una condena a muerte que fue posteriormente indultada. Con un reducido grupo de hombres, llevó a cabo acciones que lo convirtieron en un nombre conocido en todo el país, incluyendo episodios de violencia extrema. Su historia se entrelaza con eventos notorios, como el fusilamiento de carabineros que había prometido salvar.
A los 84 años, Santa Cruz murió en el corregimiento de San Ignacio, y su figura ha resurgido con fuerza en su tierra natal a raíz de las gestiones por repatriar sus restos. Con el centenario de su muerte a la vista, el Ayuntamiento de Elduain planea organizar actividades culturales que incluyan charlas sobre su vida. Este renovado interés por Santa Cruz se ha visto impulsado por las investigaciones realizadas por expertos que han estado recopilando información sobre eventos históricos de la Tercera Guerra Carlista.
El legado de Manuel Ignacio Santa Cruz Loidi sigue generando debate y reflexión en la sociedad actual, recordando la complejidad de su vida y el impacto que tuvo tanto en su comunidad como en la historia de España.





























































































