La inteligencia artificial está revolucionando la forma en que se recopilan y analizan datos en el océano, generando grandes volúmenes de información a partir de imágenes y señales recogidas diariamente. Sin embargo, surge la inquietud sobre la fiabilidad de estas herramientas cuando se trata de la salud de nuestros océanos. Para abordar este desafío, un equipo de investigadores europeos, liderado por AZTI, ha creado un marco de referencia que establece tres pilares fundamentales para asegurar que la IA aplicada en el ámbito marino sea «fiable, ética y científicamente robusta». El resultado de este trabajo se ha publicado en la revista científica Fish and Fisheries.
Las capacidades que ofrece la inteligencia artificial son vastas, aunque también conllevan riesgos significativos. Por ejemplo, si una cámara a bordo no es entrenada adecuadamente, puede confundir especies similares bajo diferentes condiciones de luz. Asimismo, un modelo que calcula la abundancia de peces puede fallar si se basa en datos incompletos o sesgados. Estos aspectos resaltan la necesidad de contar con criterios sólidos de calidad y transparencia en los procesos de toma de decisiones.
El marco propuesto por el equipo investigador se articula en torno a tres pilares esenciales. El primero se centra en la viabilidad socioeconómica y legal de la inteligencia artificial. El segundo aborda la gobernanza ética de los datos, mientras que el tercero se enfoca en la robustez técnica y la validación científica. Estos pilares apuntan a garantizar que las herramientas de IA no solo sean precisas, sino también aceptadas por los profesionales del sector.
José A. Fernandes, experto en IA de AZTI y autor principal del estudio, señala: «Estamos viendo una explosión del uso de algoritmos pero que a menudo no cumplen las expectativas iniciales. La pregunta clave es: ¿Qué podemos hacer para evaluar cuánta confianza les otorgamos?» En este contexto, Fernandes destaca que la inteligencia artificial ya se ha integrado de manera significativa en el sector pesquero y la investigación marina, y su utilidad dependerá de su fiabilidad.
Por su parte, Sebastian Villasante, coautor del estudio e investigador del Instituto de tecnologías ambientales CRETUS de la Universidad de Santiago de Compostela, enfatiza que «las herramientas de IA deberían diseñarse mediante enfoques inclusivos y participativos de coproducción del conocimiento». Esto implica integrar el saber y la experiencia locales, así como las necesidades económicas, con los grupos de desarrollo científico y tecnológico que las producen.
El objetivo final del equipo es que la IA no sustituya a la toma de decisiones humanas, sino que la complemente con «información más rápida, precisa, transparente y comprensible». De esta manera, se busca reforzar la capacidad de los profesionales del mar en la gestión de recursos y en la investigación, asegurando que estos avances tecnológicos sean realmente beneficiosos para el medio ambiente.
En conclusión, la implementación de un marco ético y técnico en el uso de la inteligencia artificial en el ámbito marino es crucial para generar confianza entre los profesionales del sector pesquero y la comunidad científica. Este enfoque no solo contribuirá a una gestión más eficiente y responsable de los recursos marinos, sino que también permitirá avanzar hacia un futuro en el que la tecnología y la sostenibilidad vayan de la mano. La colaboración entre investigadores y trabajadores del mar será fundamental para lograr estos objetivos, asegurando que las herramientas desarrolladas realmente respondan a las necesidades del sector.





























































































