Este miércoles, un grupo de médicos de Gipuzkoa se ha concentrado nuevamente en el Hospital Donostia para reclamar un Estatuto médico propio que les permita negociar sus condiciones laborales. Esta manifestación se enmarca en la segunda semana de huelga que mantienen, siendo esta la tercera jornada de protestas. Los facultativos están exigiendo que sus demandas sean incluidas en el documento que el Ministerio de Sanidad tiene previsto aprobar.
Los sanitarios han ocupado las escalinatas de la entrada principal del hospital para visibilizar su situación, en el contexto de una huelga convocada por el Sindicato Médico de Euskadi (SME). A pesar de que algunos contactos políticos se han llevado a cabo, la cirujana del Hospital Bidasoa, África Alcón, ha expresado su frustración al señalar que no ha habido un diálogo efectivo. “Por ahora seguimos igual. Se dijo que íbamos a sentarnos a negociar, pero el comité de huelga no ha tenido conocimiento de ese diálogo”, ha lamentado.
Durante la protesta en la ciudad, los profesionales de la salud han portado pancartas que reflejan su descontento, afirmando que no tienen “ni voz ni voto” en la toma de decisiones que les afectan. Entre las exigencias más importantes, destacan que la jornada laboral no supere las 35 horas semanales, la eliminación de la obligatoriedad de las guardias y que estas cuenten para efectos de cotización, además de no exceder las 17 horas de trabajo ininterrumpido.
La doctora Alcón, con una trayectoria en la red de Osakidetza desde 1996, ha señalado la dureza de las condiciones laborales, especialmente en equipos pequeños durante períodos vacacionales, lo que obliga a los profesionales a asumir más horas. Asimismo, el psiquiatra Fabián Hernández ha denunciado la sobrecarga en los centros de salud mental, lo que impacta directamente en la calidad de la atención al paciente. “Atendemos, de media, entre 10 y 12 pacientes, pero actualmente hemos llegado a atender casi 20”, ha indicado, subrayando la necesidad de más personal para hacer frente a la carga asistencial.
El especialista ha destacado que la saturación no es uniforme en todos los centros, pero es particularmente grave en aquellos donde solo hay un profesional disponible cuando debería haber al menos cinco. “Da la sensación de que apagamos incendios en lugar de ofrecer una atención de calidad”, ha expresado, advirtiendo que la red está al borde del colapso debido al volumen de trabajo.
Hernández también ha criticado las soluciones temporales implementadas por el Gobierno Vasco, como la autoconcertación en Osakidetza, que considera un “parche” que no soluciona los problemas estructurales del sistema. “Aunque se intentan reducir las listas de espera, la cantidad de pacientes sigue aumentando, lo que impide garantizar un seguimiento adecuado”, ha afirmado, alertando sobre el desgaste emocional de los sanitarios, que se traduce en bajas laborales y casos de ansiedad.
Ambos médicos han coincidido en que las condiciones actuales no solo afectan la salud de los profesionales, sino también la de los pacientes, lo que plantea un reto importante para el futuro del sistema sanitario en Gipuzkoa. “Nos enfrentamos a una situación crítica donde muchos profesionales están considerando dejar el sistema o incluso emigrar”, ha concluido Hernández, manifestando su preocupación por el relevo generacional que se avecina, con muchas jubilaciones y la fuga de jóvenes médicos al extranjero.
Las protestas de los médicos de Gipuzkoa continúan, en un esfuerzo por lograr un reconocimiento y una mejora en sus condiciones laborales, en un contexto donde la atención médica se enfrenta a desafíos cada vez mayores.





























































































