Este sábado, los Caldereros llenaron las calles de Donostia, dando inicio a las celebraciones del Carnaval con su característico sonido de sartenes y martillos. Este evento, que desafía las inclemencias del invierno, se ha convertido en un símbolo de la tradición festiva de la ciudad, sorprendiendo y cautivando a los donostiarras con sus coloridos trajes y su lengua enigmática.
La Primitiva Comparsa de Caldereros de la Hungría 1884, como es habitual, estableció su campamento en el atrio de Santa María. Este año, la comparsa se enriqueció con la participación de una nueva tribu, Hípica Donostiarra, sumando más de trescientas personas a su desfile. Junto a ellos, diversas comparsas de la región, incluidas algunas de Irun, se unieron a la festividad, creando un ambiente de celebración colectiva.
Durante el evento, la reina Maritxu de las Koskas, encarnada por Joxean Estébanez, aprovechó la ocasión para hacer una crítica humorística sobre la reciente tarjeta roja mostrada al jugador de la Real Sociedad, Brais Méndez, en el derbi más reciente. «Sé que sacar la mano así no es lo más elegante», comentó entre risas, «pero al árbitro le debió parecer que le lanzó a Paredes el puñetazo de Ilia Topuria». La reina también expresó su alegría por el rendimiento del equipo en las últimas semanas, destacando la importancia de la semifinal contra el Athletic en la Copa del Rey.
La fiesta continuó con risas, aplausos y música, donde el repertorio incluyó piezas como «Comparsa de Caldereros Húngaros» y «Coro de Caldereros Húngaros II». Además, la Comparsa Tradicional de Caldereros de la Hungría, que cuenta con 470 miembros de 19 tribus, también participó en el desfile, liderada por la reina Ane Acha y sus damas, Edurne Lertxundi y Edurne Erkizia. La soberana hizo un llamado a la solidaridad, recordando a aquellos que no tienen «dónde dormir o qué comer» y pidiendo a las instituciones una acogida más humana para las personas sin hogar.
El campamento de la Comparsa Tradicional se estableció en la plaza de la Constitución, donde interpretaron su repertorio clásico junto a la banda de la Escuela Municipal de Música y Danza. Los dantzaris del Kresala Dantza Taldea también contribuyeron al espectáculo con una danza eslava, el Gopak. Tras levantar el campamento alrededor de las 22:45 horas, la comparsa continuó su recorrido hasta que el evento concluyó en la madrugada frente a Gaztelubide.
El ambiente festivo no se limitó a la plaza; los barrios de Donostia también acogieron a los Caldereros. En lugares como Gros y Amara, los distintos grupos de Caldereros inundaron las calles con el sonido de sus instrumentos y el ritmo de sus danzas. Durante este mes, un total de diecisiete comparsas de Caldereros animarán la ciudad, siendo parte de una tradición que se extiende por varias semanas. El próximo domingo, la comparsa Altzako Kaldereroak tomará el relevo, culminando con las actuaciones de otras comparsas en los días siguientes.
El evento no solo celebra la cultura local, sino que también refuerza la identidad de Donostia como un lugar donde la comunidad se une en torno a tradiciones arraigadas. La participación de diversas comparsas y visitantes de otros lugares, como las cuadrillas de Manchester y Polonia, enriquece aún más esta experiencia cultural, fomentando un sentido de pertenencia y camaradería entre los asistentes.



























































































