La consejera María Ubarretxena, especialista en Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) en el Hospital Universitario Donostia, ha expresado su preocupación por la disminución de la edad de las pacientes ingresadas por anorexia y bulimia en la unidad de psiquiatría infanto-juvenil. En un reciente episodio del videopodcast ‘Abiertamente, hablemos de salud mental’, un proyecto del Gobierno Vasco, abordó el impacto negativo de las redes sociales en estos trastornos, subrayando que son un factor perturbador en la salud mental de los jóvenes.
La psiquiatra ha señalado que la edad de inicio de estas enfermedades ha bajado drásticamente, llegando a casos de niñas de tan solo 9 años. Aunque la edad media de aparición se sitúa entre los 11 y 12 años, Ubarretxena advierte que muchos casos no son detectados a tiempo, lo que genera un desafío significativo en el tratamiento.
Entre las señales de alerta que los padres deberían tener en cuenta, Ubarretxena menciona comportamientos como el interés por dietas extremas o la evitación de actividades sociales, como salir a comprar chuches con amigos. También indicó que el tiempo que pasan mirándose en el espejo o en el baño puede ser un indicativo de problemas más serios. «Si después de comer se pasan mucho tiempo en el baño y oímos ruidos extraños, podría ser un signo de que están intentando vomitar», explicó.
A pesar de que la mayoría de los pacientes son mujeres, la consejera también ha comentado que un porcentaje menor de hombres sufre estos trastornos. Sin embargo, su forma de actuar puede diferir, ya que tienden a compensar su alimentación mediante el ejercicio físico excesivo, como jugar varios partidos de fútbol o realizar actividades al aire libre de manera intensa.
Ubarretxena ha abordado los factores que desencadenan estos trastornos, comparando su desarrollo con un iceberg. «Lo que se ve en la superficie son los síntomas evidentes, como la restricción alimentaria y el ejercicio excesivo, pero hay aspectos más profundos y oscuros que suelen estar relacionados con el entorno familiar y social», ha afirmado. Destacó que tener un progenitor que haya padecido un TCA o pertenecer a familias muy rígidas pueden ser factores determinantes en el desarrollo de estas enfermedades.
Un aspecto que preocupa a la especialista son las redes sociales, que pueden actuar como un catalizador para instaurar estos trastornos. «Los jóvenes acceden a plataformas donde se promueven dietas peligrosas y se intercambian consejos para perder peso de forma extrema. Estas comunidades, a menudo proanorexia y probulimia, pueden tener consecuencias devastadoras, ya que la detección suele llegar demasiado tarde», sostuvo.
La psiquiatra comentó que la llegada de las familias a las consultas suele ser un momento de gran deterioro emocional. Muchas de ellas se sienten frustradas y exhaustas tras haber intentado ayudar a sus hijos sin éxito. «Los padres a menudo no reconocen a sus propios hijos, sienten que han sido poseídos por la enfermedad. Esta situación provoca un ambiente de impotencia y tensión en el hogar», añadió.
En cuanto a la recuperación, Ubarretxena ha subrayado que aunque los tratamientos son complejos y requieren tiempo, hay posibilidades de mejora. «Alrededor del 50% de las pacientes logran recuperarse por completo y llevar una vida sin síntomas. Sin embargo, un porcentaje significativo de ellas puede experimentar síntomas residuales», afirmó. Ante la gravedad de la anorexia, que presenta una tasa de mortalidad del 5%, la detección temprana es crucial para facilitar la recuperación.
El ingreso en una unidad psiquiátrica o de tratamiento es considerado por los especialistas como un último recurso, utilizado solo cuando el estado nutricional del paciente está comprometido. Ubarretxena enfatiza que es esencial intentar primero tratamientos ambulatorios o enfoques menos invasivos, como comedores terapéuticos. «Hay que trabajar para que estos jóvenes no pierdan su rutina diaria y permanezcan en su entorno educativo mientras reciben la atención necesaria», concluyó.
En definitiva, la lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria en Gipuzkoa requiere no solo de atención médica, sino también de un cambio en la percepción social y familiar sobre estos problemas, así como una vigilancia constante sobre las influencias externas, especialmente las que provienen del mundo digital.



























































































