La Semana Santa ha vuelto a celebrarse en Donostia este viernes, tras medio siglo de ausencia, atrayendo a miles de asistentes que han seguido la comitiva religiosa a través del centro de la ciudad. Este evento ha generado una notable expectación entre la población local, que ha podido ser partícipe de una tradición que se había perdido durante décadas.
Según el Obispado de Donostia, la capital guipuzcoana era la única ciudad en el Estado español que no contaba con una procesión, situación que se ha revertido gracias al esfuerzo de la Cofradía Jesús Nazareno, fundada en 1927. La iniciativa, que se organizó en un tiempo récord, logró reunir en pocas semanas a más de 450 inscritos, una cifra significativa que evidencia el interés renovado por la religiosidad popular entre los donostiarras, a pesar del contexto de secularización actual.
El evento comenzó con un gran despliegue a las afueras de la Catedral del Buen Pastor, donde la salida de la procesión fue anunciada mediante el sonido de la carraca desde el campanario. Finalmente, pasadas las 20.30 horas, el cortejo partió del templo, encabezado por la cruz de guía y el estandarte de la cofradía. En esta ocasión, el obispo de Donostia, Fernando Prado, también estuvo presente, lo que añade un componente espiritual y comunitario al evento.
La organización ha conseguido restaurar tres pasos originales que formaron parte de la procesión en la década de los setenta. Estas figuras, que incluyen a Jesús Nazareno, el Cristo Yacente y la Virgen de la Soledad, fueron transportadas a hombros por una veintena de porteadores, marcando un regreso simbólico y emotivo a las tradiciones pasadas de la ciudad. La vestimenta de los cofrades, una túnica blanca y caperuz morado con la cruz de Jerusalén, también evoca el pasado, mientras que los niños que participaron lucieron vestimenta hebrea o túnicas blancas y portaron elementos representativos como coronas de espino y clavos.
El cortejo avanzó al son de los tambores y el sonido de los txistus, mientras que muchos ciudadanos se unieron a la marcha portando cirios, creando un ambiente de comunidad y fervor. Los organizadores han expresado su firme decisión de mantener viva esta tradición en Donostia, que ha dejado de ser una excepción para recuperar un desfile religioso que, hasta el momento, se limita a la tarde del Viernes Santo.
Este regreso no solo representa una revitalización de las tradiciones locales, sino que también refleja un cambio en la percepción de la religiosidad en la sociedad actual. La respuesta positiva de la comunidad sugiere que hay un deseo de reconectar con las raíces culturales y espirituales que han caracterizado a Donostia a lo largo de los años. Con este nuevo capítulo en la historia de la Semana Santa donostiarra, se abre la puerta a la posibilidad de que futuras ediciones continúen fortaleciendo los lazos comunitarios y celebren la identidad cultural de la ciudad.




























































































