El Carnaval de Donostia, conocido por su colorido y alegría, enfrentó difíciles condiciones meteorológicas que llevaron a la organización a suspender el desfile una vez había comenzado, tras aproximadamente media hora de actividad. La decisión fue comunicada al público a través de la megafonía, debido a la intensa lluvia y sobre todo al fuerte viento, que hacían inviable el desarrollo de la fiesta tanto para los participantes como para los asistentes.
Durante la jornada, existía la preocupación sobre si se llevaría a cabo el evento, especialmente tras la alerta por lluvia emitida por el Departamento de Seguridad del Gobierno Vasco, la cual se levantó a las 15:00 horas. A pesar de ello, se decidió mantener la celebración inicialmente, permitiendo que las comparsas comenzaran a desfilar por las calles del centro de la ciudad.
Alrededor de las 17:00, las comparsas comenzaron a recorrer las vías principales, trayendo consigo el ambiente festivo característico de estos días. Sin embargo, aunque parecía que el clima daba una pausa, la situación se tornó complicada nuevamente con la reaparición de la lluvia, esta vez con más intensidad, lo que generó riesgos para la seguridad de las carrozas y de los comparseros.
Desde temprano, la agenda en torno a la Diosa Momo, quien recibe las llaves de la ciudad durante el Carnaval, sufrió modificaciones debido al mal tiempo. Después de una salutación coral en la plaza Okendo, la comitiva se trasladó al Ayuntamiento para realizar el traspaso de poderes entre Jon Insausti y la Diosa Momo, en lugar de hacerlo en la plaza Constitución, como estaba previsto.
Impacto en otras localidades
En cuanto a otras localidades de la región, la situación en Bilbao fue igualmente desfavorable. Apenas ocho comparsas lograron llegar a la zona del Bulevar, donde habitualmente el jurado puntúa las actuaciones. La lluvia y el viento también impidieron la realización de eventos en esta ciudad, donde el tradicional desfile y concurso de disfraces no pudo iniciarse.
La suspensión del Carnaval en Donostia y Bilbao pone de manifiesto el impacto que pueden tener las inclemencias del tiempo en las celebraciones tradicionales. A pesar de que la organización intentó mantener el espíritu festivo, las condiciones adversas resultaron ser determinantes, lo que refleja la vulnerabilidad de este tipo de eventos ante los fenómenos meteorológicos. Ahora, la atención se centra en cómo se desarrollarán las festividades en los próximos días y si habrá oportunidad de recuperar lo perdido en esta edición.






























































































