Las calles de Donostia y otras localidades de Gipuzkoa experimentaron este martes un ambiente más tranquilo debido a la huelga general convocada en Euskadi. La protesta busca establecer un salario mínimo propio de 1.500 euros, y desde primera hora ha afectado al transporte, la educación, el comercio y la industria. Patxi, un vecino del Boulevard donostiarra, expresó su inquietud sobre si llegaría a tiempo a una consulta médica, tras escuchar que su mujer había enfrentado retrasos para tomar el autobús.
La huelga se hizo evidente desde la mañana, con bloqueos en accesos a polígonos industriales como el de Joxe Mari Korta en Zumaia. En empresas destacadas como CAF, la actividad se detuvo por completo. La quema de contenedores en el Alto de Miracruz y la llegada de piquetes a diferentes zonas de Donostia también contribuyeron al clima de tensión.
El servicio de transporte público se vio notablemente reducido, con Dbus operando solo al 30% de su capacidad habitual. Algunas líneas, como la 21, 31 y 42, no funcionaron, mientras que otras lo hicieron con horarios limitados. Las manifestaciones programadas de 11:00 a 13:00 complicaron aún más el acceso al centro, afectando puntos clave como Ondarreta, Anoeta y el Paseo de Colón.
En la estación de Easo, los usuarios de Euskotren mostraron su frustración al enfrentarse a tiempos de espera anormales. Isabel Morán, que necesitaba viajar a Errenteria, lamentó la falta de información sobre los servicios mínimos. Junto a ella, otros viajeros compartieron su malestar por la escasez de trenes, recordando que en condiciones normales, la espera no superaba los quince minutos.
En el ámbito educativo, la huelga también tuvo un impacto considerable. El campus de San Sebastián de la EHU permaneció casi vacío, con pancartas que reflejaban el paro académico convocado. Los colegios también experimentaron un notable descenso en la actividad, con un seguimiento de la huelga del 49% en centros públicos, según datos de los propios colegios. Algunos padres como Leticia, del centro Amara Berri, expresaron su preocupación por la falta de personal y las complicaciones para dejar a sus hijos.
El pequeño comercio intentó mantener sus operaciones, aunque con desigual éxito. Mientras algunos puestos del Mercado de La Bretxa lograron funcionar, otros, como la carnicería Miguel Urrestarazu, informaron que no recibieron los suministros habituales, lo que impactó en su capacidad de venta. La situación se repitió en pescaderías, donde la reducción de productos fue evidente debido a la huelga.
Los supermercados tampoco escaparon a las consecuencias de la huelga, con varios establecimientos cerrados, especialmente en localidades como Hernani, donde los piquetes impidieron la apertura de algunos locales. En la Plaza Easo, el kioskero de prensa advirtió sobre la ausencia de algunas cabeceras, destacando que «ha llegado toda la prensa, salvo Gara y Berria, que no han publicado hoy el periódico».
Los sindicatos convocantes, entre ellos ELA y LAB, proclamaron el «éxito» de la huelga, subrayando un «amplio seguimiento» y que la jornada había comenzado «muy fuerte». Según su evaluación, la actividad en la industria fue especialmente baja, con muchas fábricas en Gipuzkoa obligadas a cesar su producción, afectando a nombres como Irizar y Fagor Electrónica.
En la administración pública, se reportó que decenas de ayuntamientos en Gipuzkoa, como Orio, Azpeitia y Zestoa, permanecieron «prácticamente cerrados». La jornada se torna significativa no solo por su impacto inmediato, sino por la reivindicación de un salario mínimo que busca mejorar las condiciones laborales en toda la comunidad. A medida que avanza la jornada, la atención se centra en cómo los diferentes sectores responderán a esta movilización y qué pasos se tomarán en el futuro para abordar las demandas de los trabajadores.






























































































