Las palabras del exministro socialista Ernest Lluch pronunciadas en 1999 durante un acto de campaña en San Sebastián han resonado con fuerza a lo largo de los años. «Gritad más, que gritáis poco. Gritad, porque mientras gritáis no mataréis», fueron sus exhortaciones dirigidas a quienes intentaban boicotear el evento, y tomaron un significado trágico tras su asesinato por ETA en 2000. Este legado de lucha contra la violencia sigue presente en la memoria colectiva.
El pasado viernes, en la plaza de la Constitución de Donostia, se celebró un homenaje en recuerdo de Lluch. En este emotivo acto, el exalcalde Odón Elorza y amigos recordaron al político, que mantenía un profundo vínculo con la ciudad, donde contaba con un apartamento desde el cual observaba la bahía de La Concha a través de un retrovisor instalado en su ventana.
Lluch fue un ferviente defensor de la paz y su participación en el ámbito cultural se manifestó a través de su vinculación con el Orfeón Donostiarra. Su amor por el fútbol lo llevó a compartir su pasión por el FC Barcelona, la Real Sociedad y el Real Betis. Durante el homenaje, fue recordado como una figura «culto, dialogante y humanista», quien se comprometió a buscar soluciones pacíficas para el país, sin necesidad de hacerlo.
En el acto, el profesor universitario y discípulo de Lluch, Jesús Astigarraga, pronunció palabras de aprecio hacia el exministro. Entre los asistentes, se encontraban diversos representantes de partidos como el PSE, PP y Podemos, así como el actual alcalde de San Sebastián, Jon Insausti, del PNV. Elorza y la viceconsejera vasca de Derechos Humanos, Memoria y Convivencia, Arritxu Marañón, portaban una fotografía de Lluch, que fue colocada en el suelo, donde los presentes depositaron rosas rojas y blancas en su memoria.
El homenaje también fue una oportunidad para reflexionar sobre el legado que Lluch dejó, marcado por «honestidad personal e intelectual», un valor que, según Elorza, escasea en la política actual. «Hemos querido hacerle este homenaje sincero, en el lugar donde tuvo el valor de expresar lo que todos pensábamos en una tregua que resultó ser falsa», comentó Elorza, subrayando la importancia de mantener viva la memoria de quienes fueron asesinados por ETA.
Entre los asistentes, se encontraba la viuda del exgobernador civil de Gipuzkoa Juan María Jáuregui, quien también fue víctima del terrorismo. Asimismo, el hijo del conocido columnista de El Mundo, José Luis López de Lacalle, Alain López de Lacalle, estuvo presente, recordando a su padre, asesinado meses antes que Lluch. Esta conexión con el dolor y la historia reciente del país resalta la necesidad de seguir reivindicando la memoria de las víctimas.
Al finalizar la ceremonia, Ignacio Latierro, otro asistente que vivió de cerca el impacto de la violencia, evocó la fundación de la librería Lagun, que tuvo que cerrar tras sufrir ataques. Este hecho se remonta a un trágico año 2000, cuando se produjo un intento de asesinato contra el exconsejero del PSE José Ramón Recalde, lo que llevó al cierre del local en la Parte Vieja.
El homenaje a Ernest Lluch no solo rememora su vida, sino que también subraya la importancia de recordar los hechos históricos que marcaron a la sociedad vasca. Este tipo de actos son esenciales para mantener viva la memoria colectiva y asegurarse de que las lecciones del pasado guíen el camino hacia un futuro en paz.





























































































