Este lunes se celebró un emotivo homenaje en memoria de Ramón Díaz, el cocinero de la Comandancia de Marina de Donostia asesinado por ETA hace 25 años. Familiares, amigos y vecinos se reunieron para recordar su vida en un último tributo público, dado que a partir de ahora los homenajes serán más íntimos.
A las 8:00 horas, momento en que Díaz fue asesinado, sus allegados colocaron una gran fotografía en la que se le ve cocinando, junto al lugar donde murió al detonar una bomba-lapa adosada a su vehículo. Al pie de la imagen, los asistentes depositaron ramos de flores y velas antes de guardar un minuto de silencio en su memoria.
El acto, organizado por el Club Deportivo Loiolatarra, al que pertenecía el homenajeado, contó con la presencia de varios familiares y miembros de la asociación, así como representantes políticos e institucionales. Este tributo se convirtió en un espacio de recuerdo y reivindicación por parte de quienes lo conocieron y apreciaron.
Entre los asistentes se encontraban el alcalde de la ciudad, Jon Insausti, junto a su predecesor, Eneko Goia, así como concejales de todos los partidos, incluidos miembros de EH Bildu. También estuvieron presentes numerosos representantes de la Comandancia de Marina y la delegada del Gobierno español en el País Vasco, Marisol Garmendia.
En su intervención, Insausti aseguró que no es el final del recuerdo hacia las víctimas, afirmando que «este ciclo de recuerdo, de memoria -pública-, no significa el olvido«. Subrayó que tanto Ramón Díaz como todos los demás que sufrieron a causa del terrorismo permanecerán siempre en la memoria colectiva de la ciudad.
El alcalde enfatizó que el homenaje no solo rememora la pérdida, sino que también es un símbolo de la búsqueda de una convivencia pacífica. «Nunca le olvidarán pero le recordarán en la intimidad», destacó, haciendo hincapié en la importancia de mantener viva la memoria en un espíritu de paz y reconciliación.
A partir de este momento, la familia y amigos de Ramón Díaz llevarán a cabo recordatorios en un entorno más privado, un cambio que refleja el deseo de mantener su legado vivo en sus corazones. Este asesinato, según sus allegados, marcó «un antes y un después» en la comunidad de Donostia, dejando una huella imborrable en el barrio.
Este homenaje no solo fue un acto de recuerdo, sino también una reafirmación del compromiso con la paz y la convivencia en el País Vasco, un mensaje que resonó en las palabras de los asistentes y en el ambiente del acto.





























































































