El obispo de San Sebastián, Fernando Prado, ha expresado su preocupación por la creciente realidad del sinhogarismo en Gipuzkoa, señalando que es un reflejo de un problema social más amplio. En su opinión, es necesario que la ciudadanía tome conciencia sobre la situación de las personas que viven en la calle y que se implementen políticas más efectivas para abordar este desafío.
Prado indicó que, durante los últimos nueve meses, Caritas Gipuzkoa ha asistido a 1.216 personas sin hogar, lo que pone de manifiesto la magnitud del problema. Según los recuentos más recientes, se estima que hay entre 500 y 600 personas viviendo en la calle en la provincia. Esta cifra incluye a aquellos que han ocupado el instituto de Martutene, reflejando la diversidad de situaciones que enfrentan estas personas.
El obispo ha mencionado que el sinhogarismo es «el último peldaño en la exclusión». Para él, es fundamental que cualquier política destinada a solucionar esta cuestión analice cada caso de manera individual, atendiendo a los diferentes perfiles y necesidades. Sin embargo, ha advertido que, en el caso del desalojo en Martutene, no se ha ofrecido una solución a largo plazo que garantice un futuro estable para los desalojados.
Prado ha criticado que se estén brindando únicamente soluciones de emergencia, sin un plan sólido que contemple las complejidades de la situación, como la falta de documentos y el estatus migratorio irregular de muchos de los afectados. Considera que estas problemáticas trascienden lo local y requieren un abordaje a nivel estatal o incluso internacional.
El Ayuntamiento de Donostia ha solicitado colaboración a otros municipios de la comarca para hacer frente a esta crisis social. Sin embargo, el obispo recalca que la solución no es sencilla. La realidad del sinhogarismo en Gipuzkoa está especialmente concentrada en Donostia, donde muchos de los sintecho son jóvenes migrantes que se encuentran en situación administrativa irregular. Este fenómeno, relacionado con los movimientos migratorios hacia Europa, está aumentando la proporción de personas sin hogar en la región.
Prado ha destacado que la falta de recursos y redes de apoyo para la población migrante agrava la situación. A menudo, estos individuos carecen de las herramientas necesarias para sobrevivir, lo que los sitúa en un estado de vulnerabilidad. Además, ha señalado que las políticas públicas deben ser más inclusivas y considerar las diversas realidades que enfrenta la población sin hogar.
En su reflexión sobre la situación actual, el obispo también ha abordado la falta de vocaciones en la Iglesia, señalando que es vital contar con laicos que asuman responsabilidades en las parroquias. Afirma que para revitalizar las comunidades cristianas, se necesita un cambio de mentalidad que implique un mayor compromiso de los fieles.
Finalmente, respecto a la Navidad, Prado ha advertido sobre el riesgo del consumismo, aunque también ha destacado la fuerza de la celebración como un momento de unión y esperanza. A pesar de los desafíos presentes en la sociedad, su mensaje es claro: la comunidad debe encontrar la manera de abordar la pobreza y exclusión, priorizando el bienestar colectivo.
El obispo concluye que la lucha contra la pobreza debe ser una tarea de todos, recordando que «la pobreza se combate con decisiones políticas decididas e invirtiendo recursos». Este llamado a la acción resuena en un contexto donde la solidaridad y la atención a los más vulnerables son más necesarias que nunca.






























































































