La denominación de la zona de Ibaeta en Donostia, conocida como el Infierno, ha suscitado un debate entre los vecinos, especialmente después de que una constructora haya decidido utilizar el nombre de Zeruene para un nuevo proyecto de viviendas en esa área. Muchos residentes han expresado su descontento, señalando que el uso del término «Infierno» podría afectar las ventas de las casas, sugiriendo en tono de broma que si se presenta como un lugar infernal, los precios deberían ser más bajos.
Este curioso nombre tiene raíces que se entrelazan con varias historias locales. Un vecino de El Antiguo, Kepa Vicario, ha investigado sobre los orígenes de esta peculiar nomenclatura. A pesar de que muchas de las historias pueden tener más de mito que de realidad, hay anécdotas que tienen su atractivo y podrían explicar el origen del nombre. Una de las versiones más contadas rememora una antigua curva cerrada y peligrosa que causó numerosos accidentes, convirtiéndose en un punto conocido como el Infierno, que desapareció tras la construcción de la Variante.
Otra narración que se asocia al nombre del Infierno lo relaciona con un incendio que tuvo lugar en la zona en el siglo XIX. En concreto, se cuenta que una fogata ardió durante varios días, alimentada por la quema de árboles talados para la construcción de una carretera que databa de 1840. La vista de aquel fuego y las cenizas provocaron que algunos habitantes comentaran que aquello parecía «ardido en el infierno».
Además, se dice que el nombre también podría provenir de un burdel cercano. Los clientes que acudían a ese establecimiento, al ser preguntados sobre su destino, respondían que iban «al infierno», en contraste con el bar más decente de un caserío llamado Belén. Esta competencia entre los dos locales daría pie a la vinculación del lugar con la idea de un infierno.
El origen del nombre también se asocia con la actividad de forja que tenía lugar en la zona. Los herreros locales mantenían un fuego constante para moldear el metal, lo que generaba chispas y una atmósfera de intensa actividad que podría haber llevado a que el área fuera conocida como el Infierno o Inpernua.
Las historias que rodean el Infierno no solo se limitan a su nombre, sino que también incluyen otros elementos de la vida cotidiana de la zona. Por ejemplo, se habla de un caserío llamado Gure Pakea, que junto con el Infierno y el Belén, forma parte del paisaje toponímico de la zona. Más allá de estos nombres, el recuerdo de un caserío conocido como el Paraíso, ubicado en la vecina Aiete, también se menciona como parte de esta rica narrativa local.
Este entrelazado de historias y leyendas refleja la identidad de la comunidad y su capacidad para mantener vivas las tradiciones y leyendas a través de las generaciones. Muchos vecinos defienden con orgullo el nombre del Infierno, recordando que en eventos como la Korrika se celebra que «Inpernuan ere euskaraz», reafirmando así la importancia de la lengua y la cultura en su identidad. En definitiva, el Infierno se convierte en un símbolo de la historia local, un lugar donde la leyenda y la realidad se entrelazan, dando vida a una narrativa que persiste en el tiempo.

































































































