La tradicional procesión de Semana Santa regresó a las calles de San Sebastián este pasado Viernes Santo, marcando un momento significativo tras más de cinco décadas de ausencia. Este evento, que se desarrolló en un ambiente de silencio reverente, atrajo a varios miles de personas que se congregaron en las inmediaciones de la Catedral del Buen Pastor. A las 20:00 horas, el sonido de la carraca de la catedral anunció la inminente salida de la comitiva, poniendo fin a los oficios religiosos.
La procesión comenzó puntualmente a las 20:30 horas, tras la finalización de la misa, y estuvo encabezada por la Cruz de Guía y el estandarte de la Cofradía de Jesús Nazareno. Este acto sobrio fue presenciado por el obispo de Donostia, Fernando Prado, quien también participó en el evento. A lo largo del recorrido, niños vestidos con ropas hebreas y la banda de txistularis acompañaron a los nazarenos, que lucían túnicas y capirotes morados.
El recorrido abarcó el centro de la ciudad, pasando por calles como Urdaneta, Hondarribia, San Martín y la Avenida de la Libertad, donde el público mantuvo un comportamiento silencioso y respetuoso. En un segundo bloque, otros nazarenos, junto con tambores y pequeños portadores de símbolos de la Pasión, precedieron al paso del Cristo Yacente, uno de los momentos más emotivos de la noche.
La comitiva llegó a la plaza Gipuzkoa, donde se celebró la estación oracional. Posteriormente, emprendió el regreso por las mismas calles, y en el tramo final, las Tres Marías y la Virgen de la Soledad avanzaron entre cirios, seguidas de la cruz alzada, el clero y la banda de música. Al final de la procesión, numerosos fieles, vestían ropas de calle y portaban velas, se unieron al cortejo, continuando con el tono de respeto establecido por los organizadores.
Este regreso de la procesión fue impulsado por la recuperación de la histórica cofradía que fue fundada en 1929. La participación de cientos de personas confirmó el interés generado por esta iniciativa desde su anuncio, devolviendo a la capital gipuzkoana una tradición que había estado ausente durante 59 años. La respuesta del público fue masiva, ofreciendo una imagen poco común en la ciudad, que se encontraba sumida en un ambiente de recogimiento durante todo el recorrido hasta retornar al templo.
El evento no solo simboliza la revitalización de una tradición arraigada en la cultura local, sino que también refleja la importancia de la Semana Santa en la vida social y comunitaria de San Sebastián. Este regreso marca un nuevo capítulo en la historia de la Pasión en la ciudad, recordando la necesidad de mantener vivas las tradiciones que forman parte de la identidad de la comunidad.



























































































