Las tradiciones de Semana Santa han regresado a Donostia este Viernes Santo, después de cincuenta años sin celebraciones procesionales. Miles de ciudadanos se han unido a la comitiva católica que recorrió el centro de la ciudad, generando una gran expectación entre los asistentes. A su vez, la localidad vizcaína de Balmaseda ha visto una afluencia masiva de público para asistir a su famoso Vía Crucis viviente, considerado el más significativo del País Vasco.
Donostia, hasta ahora la única capital de España sin procesiones, ha logrado recuperar esta tradición gracias a la rescatada Cofradía Jesús Nazareno, que fue fundada en 1927. Este resurgimiento ha sido posible en un breve periodo de tiempo, alcanzando rápidamente más de 450 inscritos que se unieron a la iniciativa promovida por un grupo de laicos donostiarras. Ellos han manifestado su creencia de que, a pesar de la creciente secularización, todavía existe un interés renovado por la religiosidad popular.
El evento comenzó en el exterior de la catedral del Buen Pastor, donde el inicio del desfile fue precedido por el sonido de una carraca desde el campanario. Finalmente, a las 20:30 horas, la procesión partió del templo, encabezada por la cruz de guía y el estandarte de la cofradía. En esta ocasión, el obispo Fernando Prado estuvo presente, dotando al evento de un carácter ceremonial significativo.
La organización ha logrado restaurar tres pasos originales de la procesión, que no se veían en las calles de Donostia desde la década de 1960. Estos pasos incluyen a Jesús Nazareno, el Cristo Yacente y la Virgen de la Soledad, los cuales fueron llevados en andas por una veintena de porteadores. Además, el hábito utilizado por los cofrades se ha inspirado en vestimentas históricas, consistiendo en túnicas blancas y caperuz morado, mientras que los niños llevaron vestimenta hebrea y otros elementos simbólicos.
El desfile estuvo marcado por el sonido de tambores y ‘txistus’, y contó con la participación activa de muchos ciudadanos que portaron cirios a lo largo del recorrido. Los organizadores han expresado en varias ocasiones su compromiso con el objetivo de mantener viva esta tradición en Donostia, lo que refleja un deseo de revitalizar las costumbres religiosas locales.
Por su parte, en Balmaseda, también durante este Viernes Santo, miles de personas se agolparon para presenciar el tradicional Vía Crucis viviente. Esta representación, al aire libre, se considera la más popular de Euskadi por su realismo en la representación de la muerte de Jesucristo. Según Europa Press, cerca de 700 vecinos participan en esta actividad, organizada por la Asociación Vía Crucis de Balmaseda y en colaboración con la Coral Kolitza.
Este año, el joven Aitor Sollano fue quien interpretó a Jesucristo, cargando con la cruz por las calles del municipio. Su madre, Ana Sierra, encarnó a la Virgen María, mientras que el alcalde de Balmaseda, Alfonso San Vicente, interpretó a Poncio Pilato. A este acto también asistieron diversas autoridades.
Mientras tanto, el obispo de Vitoria, Juan Carlos Elizalde, hizo un llamado a la acción y al amor al estilo de Jesús durante su homilía en la concatedral de María Inmaculada de Vitoria. En su discurso, abogó por la paz en un mundo lleno de conflictos y odio, destacando la relevancia de las enseñanzas del profeta en tiempos difíciles.
La recuperación de las procesiones en Donostia y el éxito del Vía Crucis en Balmaseda indican un resurgir de las tradiciones religiosas en el País Vasco, sugiriendo que la fe y la espiritualidad todavía ocupan un lugar importante en la sociedad actual. Este retorno a las raíces religiosas puede ser visto como una respuesta a la búsqueda de sentido en tiempos de incertidumbre, y la continuidad de estas expresiones culturales parece asegurada por el compromiso de las comunidades locales.




























































































