La noche de ayer, Donostia se convirtió en el epicentro de la celebración con la llegada del 20 de enero, un día esperado con gran fervor por los donostiarras. La plaza de la Constitución fue testigo de una multitudinaria congregación que se preparaba para la festividad más emblemática de la ciudad. Con el sonido de las campanas marcando la medianoche, la Marcha de San Sebastián resonó en el corazón de los asistentes, quienes vibraban al unísono, ansiosos por dar inicio a 24 horas de fiesta ininterrumpida.
Desde primeras horas de la tarde, las calles se llenaron de vida, mientras los ciudadanos se dirigían hacia el centro para participar en la fiesta. Este año, la asistencia fue especialmente notable, con miles de almas congregadas que esperaban el momento culminante. Además, un total de 60 nuevos invitados se unieron a la celebración en el escenario, acompañando a los tradicionales dantzaris y tamborradas que animaban el ambiente festivo.
El Orfeón Donostiarra, bajo la dirección de Xabier Anduaga, interpretó la citada marcha, brindando un toque épico a la velada. La emotividad del momento fue palpable, con lágrimas de alegría entre los asistentes, incluido el Tambor Mayor, José Ramón Mendizabal. Este año, un total de 507 participantes deleitaron al público, entre los que se encontraban 189 miembros de Gaztelubide y 64 orfeonistas, todos ellos contribuyendo a que la celebración del centenario fuera verdaderamente memorable.
La música y los ritmos de los tambores llenaron la plaza, animando a los presentes a unirse al baile. Sin embargo, no todas las melodías sonaron. La canción «Caballería de Gallos» fue prohibida desde el año anterior debido a los incidentes de avalanchas que se produjeron durante su interpretación, lo que generó un ambiente de incertidumbre para algunos, aunque el espíritu festivo prevaleció.
Estreno del alcalde y la Real Sociedad
La apertura de las fiestas contó con la presencia del alcalde, Jon Insausti, quien se estrenó en la ceremonia al izar la bandera desde el balcón del antiguo ayuntamiento. El evento fue aún más especial gracias a la asistencia de los jugadores de la Real Sociedad, quienes se unieron a la celebración ataviados con pañuelos azules. La victoria del equipo el domingo pasado incentivó aún más el entusiasmo de los donostiarras, que llegaron a la plaza con ganas de festejar.
A pesar de la amenaza de lluvia que se cernía sobre la ciudad, el clima no impidió que los ciudadanos disfrutaran de la festividad. Aunque las precipitaciones estaban presentes, la temperatura fue más benigna en comparación a la del año anterior. La afluencia masiva a la plaza y la energía de los bailes lograron calentar el ambiente rápidamente, destacando que, una vez que la bandera ondeó, no había tiempo para distracciones.
Así, con 24 horas por delante, la fiesta continuó, y los donostiarras se entregaron a la celebración de su patrón. La jornada se convirtió en un símbolo de unidad y orgullo local, reafirmando la importancia de la tradición en la vida de esta comunidad. En este sentido, los ecos de la fiesta resonarán no solo en la memoria de los asistentes, sino también en el legado cultural de Donostia, que cada año se renueva bajo la misma pasión.






























































































