El próximo lunes, un grupo de dieciséis personas, compuesto por médicos, veterinarios, bomberos y voluntarios jubilados, emprenderá una importante misión solidaria hacia el continente africano. La expedición, organizada por la oenegé Ekinbide, fundada hace tres años por bomberos de San Sebastián, recorrerá casi 6.000 kilómetros en camiones de bomberos y vehículos todoterreno reacondicionados. Esta es la tercera misión de la organización, y se considera la más compleja hasta la fecha debido a la cantidad de voluntarios y material que transportarán.
El viaje comenzará en la península, donde el grupo partirá hacia Almería a una velocidad de 90 km/h. Desde allí, embarcarán en un ferry con destino a la ciudad marroquí de Nador, eligiendo esta ruta para evitar problemas burocráticos que les retrasaron en la misión anterior, donde perdieron diez días. Una vez en Marruecos, continuarán su trayecto a través del Sáhara Occidental hasta llegar a Mauritania.
Jon Etxezarreta, miembro fundador de la oenegé, destacó que “llevamos víveres y somos autosuficientes”. El equipo transportará un amplio repertorio de materiales, incluyendo equipo de protección contra incendios, material de extinción y suministros médicos como mascarillas y bisturís. En total, dejarán tres vehículos en el país africano: uno destinado al hospital de Bafatá, otro para periodistas solidarios y el tercero para el parque de bomberos de Gabú.
En la capital de Mauritania, Nuakchott, realizarán la entrega del primer vehículo 4×4 que será utilizado para el transporte de personas en Malí, específicamente en el área materno-infantil. La misión se extenderá hasta las ciudades de Bafatá y Gabú en Guinea-Bissau, donde los miembros del equipo de Protección Civil y Prevención y Extinción de Incendios les recibirán. Etxezarreta comenta que en la segunda misión, cuando llevaron material, pudieron observar cómo se cumplió con los compromisos adquiridos por los destinatarios.
Durante esta misión, el equipo no solo se dedica a la entrega de material, sino que también impartirá formación sobre su uso y mantenimiento. Para facilitar la comunicación, contarán con dos traductores, aunque también intentarán comunicarse en portugués o inglés si es necesario. “Hay muy buena predisposición”, afirma Etxezarreta, quien también menciona que el uso del uniforme de bomberos puede ayudar a pasar los controles de seguridad en la región.
El final de la misión llevará a un reducido grupo de voluntarios a Freetown, la capital de Sierra Leona. La travesía es consciente de las problemáticas que afectan a la región, pero el equipo confía en que no habrá contratiempos. Para algunos voluntarios, como Hugo, será su primera experiencia en este tipo de proyectos. “Voy sin expectativas, pero con ganas de ayudar”, comenta el joven bombero, quien se siente inspirado por las historias de quienes han participado en misiones anteriores.
El compromiso del grupo va más allá de esta misión; se esfuerzan por mantener una relación continua con las comunidades que ayudan. Etxezarreta y Martí mencionan resultados concretos, como el hecho de que en un municipio de 10.000 habitantes, un médico y una enfermera ahora realizan consultas dos veces a la semana gracias a sus aportaciones. A pesar de que esta labor requiere un considerable esfuerzo y dedicación, el equipo está decidido a continuar con su trabajo, explorando nuevas oportunidades para expandir su impacto.
Esta misión solidaria es un ejemplo del esfuerzo personal que realizan los voluntarios, quienes costean parte de su viaje y utilizan sus vacaciones para participar. “Estamos aquí para ayudar, y eso es lo que nos motiva a seguir adelante”, concluyen. La misión representa no solo la entrega de material, sino un vínculo humano que busca generar cambios positivos en las comunidades atendidas.




























































































