Una operación policial se llevó a cabo el lunes para desocupar el pabellón de la antigua fábrica de Zardoya Otis, ubicada en el barrio de Herrera, en Donostia. Aproximadamente 30 personas habitaban este espacio, aunque solo cinco de ellas se encontraban allí la noche anterior al desalojo, abandonando el lugar antes de la llegada de las fuerzas del orden.
Desde primeras horas del día, agentes de la Ertzaintza y la Guardia Municipal rodearon el pabellón tras recibir autorización judicial para proceder con el desalojo. Sin embargo, al realizar la inspección del edificio, los agentes no encontraron a nadie en su interior, ya que todos los ocupantes habían salido antes de que se emitiera el aviso.
Los agentes, a las 9:30 horas, anunciaron, mediante megafonía, su intención de entrar al pabellón y pidieron a quienes pudieran estar dentro que salieran pacíficamente, levantando las manos. Según la información proporcionada por el Ayuntamiento, en las semanas previas, un número aproximado de 30 personas había pernoctado en este lugar. En la zona circundante, que alberga varios pabellones semiabandonados, se estima que el total de personas en situación similar podría alcanzar las 200.
De las cinco personas que durmieron en el pabellón la noche anterior, se marcharon por su propia voluntad a primera hora, dejando el edificio vacío para la intervención policial. Los agentes, que realizaron una inspección con perros, confirmaron que no había ocupantes en el interior.
La operación de desalojo provocó una protesta por parte de un grupo de jóvenes, quienes manifestaron su desacuerdo con el desalojo y exigieron que se busquen alternativas habitacionales para quienes se quedan en la calle. Este acto de resistencia fue respaldado por gritos de apoyo desde otros edificios ocupados en la zona.
Al mismo tiempo, algunos vecinos de Herrera expresaron su descontento ante la presencia de los okupas, argumentando que habían generado conflictos en la comunidad. Se ha señalado que muchos de los ocupantes en el pabellón desalojado podrían haber sido desplazados desde el antiguo instituto de Martutene, desalojado el 4 de diciembre.
La superficie de los pabellones en Herrera abarca 22.336 metros cuadrados, los cuales forman parte de un plan urbanístico que contempla la construcción de 380 nuevas viviendas, el 40% de las cuales serán protegidas. Desde el Ayuntamiento de Donostia, se han ofrecido alternativas de alojamiento a los jóvenes viviendo en estos pabellones, similar a lo que se hizo con los desalojados en Martutene, aunque solo se habría propuesto el albergue a siete personas en esta ocasión, según el Sindicato Socialista de Vivienda de Donostia.
Leire Andino, representante de la asociación implicada, expresó su preocupación sobre la calidad de las alternativas ofrecidas, cuestionando si realmente pueden ser consideradas como soluciones habitacionales. «Queremos poner el foco en qué es eso de alternativa habitacional. ¿Pasar una noche y a la mañana volver a la calle en invierno, en estas condiciones?», preguntó Andino, añadiendo que el albergue La Sirena está sobrecargado y hay más demanda que oferta.
El alcalde de Donostia, Jon Insausti, comentó que la decisión de acelerar el proceso de demolición se debió a la «preocupación» generada por la situación en el vecindario. «Lo que hemos vivido en Herrera ha sido un problema de convivencia importante y no son imágenes que deseamos porque generan preocupación en el vecindario», indicó el alcalde.
Finalmente, desde EH Bildu señalaron la necesidad de una visión integral para abordar la situación. Solicitaron la reunión del Órgano Interinstitucional de Servicios Sociales (OISS) y denunciaron que algunas personas que dormían en el pabellón no habían sido previamente contactadas por la Guardia Municipal, asegurando que «los recursos y las intenciones se han quedado cortas».





























































































