La condena de cuatro años de prisión ha sido impuesta a un hombre por la violación de una mujer en un aparcamiento de la Plaza Catalunya, en el barrio de Gros de Donostia. Este fallo se ha logrado a través de un acuerdo que evita la celebración de un juicio oral. El acusado, quien ha permanecido en prisión provisional durante aproximadamente un año y medio, también deberá cumplir con una orden de alejamiento de ocho años respecto a la víctima, durante los cuales no podrá comunicarse con ella.
Adicionalmente, se ha dictado que, tras su excarcelación, el individuo estará bajo libertad vigilada durante seis años y no podrá ejercer ninguna actividad relacionada con menores. También se le ha impuesto una multa de 180 euros y se le ha ordenado compensar a la víctima con 8.000 euros, de los que ya se han abonado 4.000 euros.
La Fiscalía había solicitado inicialmente casi nueve años de prisión, con una petición de ocho años y diez meses por el delito de violación, además de un cargo por hurto, dado que el acusado robó varios efectos de la mujer tras agredirla sexualmente. Sin embargo, antes del juicio, el hombre admitió los hechos y demostró haber compensado parcialmente a la víctima, lo que permitió que se le aplicara una atenuante por reparación del daño, así como una reducción de la acusación relacionada con el hurto, que se consideró leve.
Los hechos ocurrieron a las 23.15 horas del 13 de septiembre de 2024, cuando la víctima conoció al hombre en un bar de la capital guipuzcoana mientras estaba en compañía de dos amigas. Alrededor de la 1.30 horas, la mujer, que estaba «visiblemente afectada por el consumo de alcohol», se despidió de sus amigas con la intención de tomar un taxi para regresar a casa. En ese momento, el acusado también salió del bar y se aprovechó de su estado para guiarla hacia el aparcamiento de la Plaza Catalunya.
Una vez en el lugar, el acusado cometió la violación y, tras ello, se apoderó de varias prendas y del bolso de la mujer, que contenía su teléfono móvil, dinero y las llaves de su domicilio. Dejó a la víctima sola y semidesnuda en el aparcamiento, donde ella recuperó «su capacidad de control» tiempo después.
El caso ha generado una atención considerable en la sociedad, resaltando la necesidad de abordar la violencia machista con mayor firmeza y visibilidad. La condena es un recordatorio de las serias consecuencias que enfrentan los delincuentes sexuales, así como de la importancia de la protección de las víctimas. La consejera María Ubarretxena ha señalado que este tipo de decisiones judiciales son fundamentales para avanzar hacia un entorno más seguro para todas las mujeres. La respuesta de las instituciones y la sociedad en su conjunto será clave para seguir combatiendo este tipo de agresiones.
El impacto de este caso puede resonar más allá de la sala del tribunal. Se espera que genere un debate más amplio sobre las políticas de prevención y el tratamiento de las víctimas de violencia de género, así como sobre la educación en torno a la prevención de la violencia machista. Este caso subraya la importancia de seguir trabajando en la sensibilización y la formación en la sociedad, enfocándose en la prevención y el apoyo a las víctimas.
En conclusión, la resolución de este caso marca un paso adelante en el reconocimiento de los derechos de las víctimas y la aplicación de la justicia. La comunidad espera que la condena sirva como un ejemplo para la lucha continua contra la violencia de género y que inspire a más víctimas a denunciar y buscar justicia.



























































































