El colegio La Anunciata, ubicado en Donostia, cerrará definitivamente sus puertas al final del presente curso académico. La presidenta del patronato, Gloria Cañada, ha comunicado esta decisión a las familias de los alumnos mediante un anuncio realizado en las últimas horas. Este cierre supone un nuevo golpe para la comunidad educativa del País Vasco, que ha estado experimentando una serie de clausuras de centros educativos, especialmente desde el inicio de la pandemia, agravadas por la crisis de la natalidad.
Situado en la calle Lorete Bidea, en la frontera entre Donostia y Pasaia, frente al puerto de Oarsoaldea, el colegio ha sido un referente educativo durante décadas, acogiendo principalmente a estudiantes de barrios periféricos como Altza, Pasai Antxo, Errenteria y Lezo. En los últimos años, también ha formado a numerosos jóvenes de origen migrante, lo que refleja su compromiso con la diversidad educativa.
La Anunciata opera bajo la Fundación Educativa Francisco Coll (FEFC), que gestiona otras 16 escuelas en todo el país. En los últimos tiempos, el número de matrículas ha ido decreciendo de manera constante. Según fuentes cercanas, esta disminución llevó incluso al departamento vasco de Educación a retirar la licencia para impartir Bachillerato hace dos años, lo que afectó gravemente a la viabilidad del centro. La decisión de cerrar el colegio ha sido tomada en Madrid, donde se encuentra la sede del patronato de la FEFC.
En la comunicación dirigida a los padres, se asegura que “el Gobierno Vasco garantiza la asignación de una plaza escolar en un centro cercano, asegurando la continuidad educativa del alumnado”. Se menciona, además, que las familias tendrán la opción de elegir otro centro educativo dentro del proceso establecido, con el acompañamiento necesario para facilitar esta transición.
Los directivos del colegio han calificado la decisión como “difícil y profundamente triste”, subrayando que detrás de ella hay un “análisis riguroso” de la situación del centro. En su comunicado, se transmite el pesar por el final de un proyecto educativo que ha permanecido activo durante 87 años. También se señala que el estado físico del edificio, deteriorado debido a su antigüedad, requiere inversiones que no son viables en el contexto actual.
La Anunciata, que comenzó su andadura en 1939, ha visto una significativa pérdida de alumnado en los últimos años, lo que ha llevado a una reducción drástica de las matrículas. La eliminación de la etapa de Bachillerato ha afectado la trayectoria educativa completa que ofrecía. Este cierre deja en una posición difícil a las 213 familias cuyos hijos están actualmente matriculados, así como a los 38 profesores que imparten clases y cuya continuidad laboral es incierta.
La presidenta del patronato ha querido comunicar esta decisión con la mayor antelación posible “por respeto a esa historia compartida y al camino recorrido juntos”, facilitando así que las familias puedan buscar nuevas opciones educativas. Aún no se ha pronunciado el departamento vasco de Educación sobre esta clausura, aunque el impacto en la comunidad educativa de Gipuzkoa es significativo, especialmente entre aquellas familias con hijos en Donostia y Oarsoaldea.
Este cierre se suma a otros acontecimientos recientes en la educación en Euskadi. En 2024, también se cerrará el colegio Karmelo en Donostia, y en 2021 se produjo la fusión de tres colegios de la capital guipuzcoana: Santa Teresa, Larramendi y Jesuitinas, que dieron lugar a una nueva escuela, ElaiEnea, todos pertenecientes a Kristau Eskola. El departamento de Educación ha informado sobre la desaparición de varios centros de la red pública en Bizkaia y Álava, y la viceconsejera Lucía Torrealday ha adelantado que hay un proceso de integración de dos colegios en Donostia que está muy avanzado, lo que ha generado inquietud entre los trabajadores de estos centros.
La situación en La Anunciata refleja un contexto educativo en crisis, donde el descenso de la natalidad y la falta de alumnado afectan directamente a la viabilidad de numerosos centros. La decisión de cerrar este colegio tradicional no solo es un cierre más, sino que marca un cambio significativo en la oferta educativa de la región, amenazando la continuidad de la enseñanza en un contexto que ya es complicado para muchas familias.






























































































