La situación de la pesca deportiva en Fuenterrabía ha vuelto a ser objeto de debate, tras la activación de un convenio de 1959 que restringe esta actividad para los guipuzcoanos. Según las normativas actuales, las personas con licencia de pesca en vigor que no estén empadronadas en Irún o en Fuenterrabía no pueden pescar en las aguas de esta localidad. En cambio, los residentes de Irún y Fuenterrabía, así como los pescadores franceses, sí tienen permitido acceder a estas aguas y a otros espacios de pesca en Gipuzkoa.
La Diputación Foral de Gipuzkoa ha sido criticada por su inacción ante este asunto, dejando a los pescadores locales excluidos de una actividad que forma parte de su cultura y tradiciones. Además, el Gobierno Vasco ha sido acusado de cobrar licencias de pesca mientras se permite esta restricción. Esta situación ha generado un descontento significativo entre los pescadores guipuzcoanos.
Con una democracia que se extiende por casi cinco décadas, resulta sorprendente que un convenio franquista, como el mencionado, continúe vigente y con valor jurídico en la actualidad. Se plantea la pregunta de por qué no se ha llevado a cabo la derogación de este acuerdo, lo que ha llevado a algunos a pronunciarse en contra de cualquier apoyo en las próximas elecciones, argumentando que no refrendarán a partidos que no aborden esta problemática.
El conflicto no solo afecta a los pescadores de Fuenterrabía, sino que resuena a lo largo de toda Gipuzkoa, donde muchos comparten la frustración por restricciones que consideran injustas. Las voces críticas sostienen que es necesario un cambio que permita a todos los ciudadanos de Gipuzkoa disfrutar de las aguas de su región sin barreras que excluyan a un grupo en particular.
La realidad es que esta normativa, basada en un convenio de hace más de seis décadas, contrasta con la evolución social y política del país. La consejera María Ubarretxena se encuentra en una posición complicada, enfrentando la presión de los pescadores locales y de la opinión pública, que demanda una revisión de las leyes actuales.
A medida que se aproximan las elecciones, el debate sobre la pesca deportiva en Fuenterrabía podría convertirse en un tema central en la agenda política. Los pescadores han comenzado a organizarse, reclamando no solo la derogación del convenio, sino también un diálogo con las autoridades para encontrar soluciones sostenibles que beneficien a todas las partes implicadas.
Esta situación plantea interrogantes sobre la necesidad de modernizar las normativas que regulan la pesca en Gipuzkoa, teniendo en cuenta la importancia de este deporte y la tradición que representa para muchas familias de la región. La presión social podría forzar a los partidos a incluir este tema en su plataforma electoral, lo que podría llevar a un cambio significativo en la legislación.
En conclusión, el futuro de la pesca en Fuenterrabía y en todo Gipuzkoa dependerá en gran medida del compromiso de las autoridades para abordar esta problemática. La voluntad de los ciudadanos, junto con la presión política, podría facilitar la derogación del convenio de 1959 y permitir que todos los habitantes de Gipuzkoa disfruten de sus ríos y costas. La historia de la pesca deportiva en la región está lejos de finalizar, y su evolución podría marcar un nuevo capítulo en la relación entre las autoridades y la comunidad pesquera.





























































































