María Corina Machado, quien fue galardonada con el Premio Nobel de Paz en 2025, continúa su labor en Washington buscando el respaldo necesario para facilitar una transición democrática en Venezuela. Su actividad se intensificó después de su reunión con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hace unas semanas.
Durante esta semana, uno de los encuentros más destacados para la líder opositora fue con el secretario de Estado, Marco Rubio. Posteriormente, Machado expresó su agradecimiento a Estados Unidos, describiéndolo como “el único Gobierno que arriesgó la vida de sus ciudadanos por la liberación de Venezuela”. Este reconocimiento subraya la relevancia de la intervención estadounidense en la situación del país sudamericano.
Rubio, tras mantener su conversación con Machado, afirmó que la opositora tendría un papel significativo en el futuro de Venezuela. Destacó que figuras como Delcy Rodríguez no tendrían un lugar permanente en el poder, enfatizando la intención de llevar a cabo cambios en el liderazgo del país. La situación política en Venezuela sigue siendo tensa, ya que las promesas de una transición democrática chocan con las realidades del régimen actual.
Machado, en su declaración post-reunión, enfatizó la importancia de continuar trabajando para restaurar las instituciones que garanticen la justicia y la soberanía en su país. “Vamos a seguir como hasta ahora: asegurando que en Venezuela se restituya lo que se ha perdido”, añadió, reafirmando su compromiso con la causa democrática.
Este esfuerzo por promover un cambio en Venezuela se enmarca en un contexto internacional donde la administración de Trump ha puesto un foco especial en las amenazas y oportunidades en la región, y Venezuela ocupa un lugar primordial debido a su situación política y social. La líder de la oposición ha encontrado en este apoyo internacional un motor para su campaña, lo que podría definir el futuro de su país.
Además, el impacto de las medidas estadounidenses sobre Venezuela ha llevado a un enfoque renovado hacia el sector energía, con cambios significativos en la legislación. Un ejemplo notable es la modificación de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, la cual permite la participación de empresas privadas y extranjeras en la exploración y producción de recursos energéticos. Esta reforma, impulsada por la presidenta interina Delcy Rodríguez, es vista como un paso hacia la apertura del país a la inversión internacional, aunque todavía existen restricciones en la producción que deben ser superadas.
El clima en Honduras también refleja la inestabilidad en la región, con la reciente toma de posesión de Nasry Asfura bajo un ambiente de división política y cuestionamientos sobre la legitimidad de las elecciones que lo llevaron al poder. A pesar de las protestas y los desafíos que enfrenta, Asfura ha llamado a la reconciliación nacional, prometiendo gobernar para todos los hondureños.
La situación política en Honduras subraya la complejidad de la gobernanza en un país marcado por desigualdades y tensiones sociales. Las elecciones que llevaron a Asfura a la presidencia fueron objeto de críticas, lo que ha generado un clima de desconfianza hacia su administración desde el inicio.
En conclusión, tanto en Venezuela como en Honduras, las dinámicas políticas son un reflejo de las luchas internas y externas que afectan la estabilidad de estos países. La interacción entre los líderes de la oposición y las autoridades estadounidenses podría ser crucial para el futuro de estas naciones. La comunidad internacional sigue atenta a los desarrollos en la región, ya que el impacto de estas gestiones podría tener repercusiones significativas en la política y economía de América Latina.





























































































