La climatización se ha convertido en una de las grandes preocupaciones de quienes buscan vivienda o afrontan una reforma. No solo por el precio de la energía, sino por la sensación de que muchos hogares siguen siendo caros de mantener incluso en inviernos moderados. En ese contexto, la aerotermia ha pasado de ser un término técnico a una conversación habitual en el mercado inmobiliario.
Edu Saz, arquitecto y divulgador especializado en vivienda y eficiencia energética, lo explica sin rodeos ni mensajes inflados. “Si gastas 100 euros en calefacción, es un error”, afirma. “Con aerotermia puedes pasar a pagar unos 25 o 30 euros porque es el sistema más eficiente que tenemos hoy en viviendas”.
Lejos de vender soluciones milagro, Saz insiste en poner cifras, contexto y límites. La aerotermia, dice, no es una moda: “Es una tecnología que ha cambiado la forma de climatizar las casas en los últimos años, especialmente en obra nueva, pero también en reformas bien planteadas”.

Qué es realmente la aerotermia y por qué genera tanto interés
Antes de hablar de ahorro, el arquitecto prefiere ir a lo esencial. “La aerotermia es un sistema que aprovecha la energía del aire exterior para producir calefacción, refrigeración y agua caliente sanitaria”, explica. Lo hace mediante una bomba de calor capaz de extraer energía incluso cuando la temperatura exterior es baja.
La clave está en su rendimiento. “Por cada kilovatio eléctrico que consumes, puedes generar hasta cuatro kilovatios de energía térmica”, señala. En comparación, una caldera de gas ronda una eficiencia del 90 % y una eléctrica apenas llega al 100 %. “Por eso la diferencia en la factura es tan grande”, añade.
Además, se trata de una tecnología limpia. “Utiliza una fuente inagotable, el aire que nos rodea, y reduce de forma notable el consumo energético frente a sistemas tradicionales”, apunta Saz.
No es solo para casas nuevas (pero hay que mirar bien la vivienda)
Uno de los mitos más extendidos es que la aerotermia solo funciona en obra nueva. No es del todo cierto. “Se puede instalar en viviendas de segunda mano”, aclara el arquitecto, “pero hay que analizar si los radiadores existentes son compatibles o si conviene cambiarlos”.
Antes de decidir, recomienda estudiar tres factores clave: el clima de la zona, el tipo de vivienda y el presupuesto disponible. “No es lo mismo un piso pequeño en ciudad que una casa unifamiliar en una zona fría”, resume.
Aerotermia no es sinónimo de suelo radiante
Saz advierte de una confusión muy habitual. “La aerotermia es el sistema que genera la energía, no el que la distribuye”. En obra nueva, lo más frecuente es combinarla con suelo radiante, pero no es la única opción. “Puede funcionar perfectamente con radiadores o con sistemas de aire por conductos”, explica.
La elección del sistema de emisión condiciona tanto el confort como el coste final, y debe adaptarse al uso real de la vivienda.
Las limitaciones que conviene tener en cuenta
La aerotermia no es perfecta. “La inversión inicial es alta y en climas extremadamente fríos la eficiencia puede bajar ligeramente”, reconoce. Aunque las bombas modernas funcionan bien incluso con temperaturas bajo cero, el consumo eléctrico puede aumentar en esos escenarios.
El error más común, según el arquitecto, está en el diseño. “Un sistema mal dimensionado, demasiado grande o demasiado pequeño, pierde eficiencia y encarece el consumo”. Por eso insiste en que no es una decisión que deba tomarse sin asesoramiento técnico.
Cuando la aerotermia no encaja, ¿qué otras opciones hay?
No todas las viviendas pueden —o deben— apostar por aerotermia. En esos casos, el abanico de alternativas sigue siendo amplio. “La geotermia es muy eficiente y estable, pero requiere obra y una inversión elevada”, explica Saz. También menciona el auge de las calderas de biomasa, especialmente de pellets, como opción intermedia entre coste, autonomía y menor impacto ambiental.
Para reformas más sencillas o pisos con limitaciones técnicas, los sistemas híbridos y las bombas de calor aire-aire pueden ser soluciones prácticas, sobre todo si se combinan con una mejora del aislamiento.
La conclusión del arquitecto es clara y poco espectacular, pero decisiva: “La tecnología importa, pero más aún una vivienda bien pensada. Cuando el aislamiento, el sistema y el uso real están alineados, el ahorro llega solo… y se nota cada mes”.





























































































