El 12 de marzo marcó un hito en el fútbol vasco, cuando las federaciones de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa expresaron su descontento a través de sus presidentes, Kepa Arrieta, Iñaki Gómez Mardones y Manu Díaz. En un comunicado, señalaron una preocupante crisis en las relaciones institucionales con la Federación Vasca de Fútbol (FVF), acusándola de contribuir a un clima de división en el ámbito federativo. Según su perspectiva, la Federación Española de Fútbol (RFEF) ha excluido a las federaciones territoriales de los procesos de información y decisión, lo que ha resultado en una reducción notable de su financiación en comparación con años anteriores.
Las declaraciones han generado un revuelo significativo dentro del entorno institucional del fútbol en el País Vasco. Ante las acusaciones, la actual Junta Directiva de la FVF, liderada por Iker Goñi, emitió un comunicado donde negó las imputaciones, defendiendo su gestión bajo la legislación vigente, en particular la Ley Vasca del Deporte de 2023. Este marco legal se propone garantizar una financiación más equitativa para la FVF, en concordancia con su relevancia en el ámbito deportivo.
La respuesta no se limitó a la presente Junta de Goñi, ya que varios expresidentes de la FVF también alzaron la voz en defensa de la federación. Laurentzi Gana, Iñaki Dobaran, Santiago Arostegui, Nerea Zalabarria y Javier Landeta firmaron un comunicado conjunto donde denunciaron la situación de infrafinanciación que ha afectado a la FVF a lo largo de los años. Afirmaron que la federación ha sobrevivido en un contexto donde el 95% de la financiación de la RFEF se destina a las federaciones territoriales, lo que ha limitado las capacidades de la FVF y ha creado un desequilibrio notorio en el sistema.
Los exdirigentes apoyaron las afirmaciones de la actual dirección, enfatizando la necesidad de evitar enfrentamientos y fomentar un entorno de colaboración. En su comunicado, subrayaron que la FVF había sido “perjudicada” en comparación con otras federaciones autonómicas, lo que afecta su capacidad para desarrollar el fútbol en la región.
En un contexto más amplio, la actual Junta Directiva ha enfatizado que está trabajando en la revisión de los criterios de distribución de recursos económicos, con el objetivo de optimizar el uso de los mismos y fortalecer el fútbol vasco en su conjunto. Además, han indicado que, gracias a sus gestiones ante la RFEF, se ha reconocido una partida económica que estaba pendiente de ejercicios anteriores, lo cual pone de relieve la labor de la federación en este ámbito.
El compromiso por parte de la FVF se ha manifestado también en la búsqueda de un clima de paz institucional, donde las diferencias de opinión deben ser abordadas con respeto y lealtad, siempre con el interés del fútbol vasco como prioridad. Este enfoque busca no solo construir relaciones más sólidas dentro del deporte, sino también potenciar el desarrollo de las competiciones y clubes en la comunidad.
En un aspecto más positivo, la FVF resaltó el éxito del encuentro celebrado el 15 de noviembre en San Mamés, donde la Euskal Selekzioa se enfrentó a Palestina. Este evento, de carácter social y humanitario, logró un récord de asistencia, llenando las gradas del césped bilbaíno, y se considera un momento histórico con un impacto significativo en la percepción internacional del fútbol vasco.
A medida que las tensiones en el marco institucional continúan, el futuro del fútbol vasco dependerá de la capacidad de sus dirigentes para establecer un diálogo constructivo. La situación actual resalta la necesidad de todos los actores involucrados para trabajar juntos en pro del desarrollo y la cohesión del deporte en la región, asegurando así un camino más estable y prometedor para el fútbol en el País Vasco.































































































