En los últimos tiempos, los seguidores de la Real Sociedad han comenzado a ver con optimismo la reaparición de varios jugadores clave. Figuras como Sergio Francisco, Turrientes, Odriozola y Pablo Marín se han convertido en el centro de atención, especialmente tras un periodo complicado en el que existían serias dudas sobre el rendimiento del equipo, incluso considerando la posibilidad de descenso.
El entrenador Pellegrino Matarazzo, quien asumió el mando en un contexto de incertidumbre, ha logrado más que solo acumular puntos: ha revitalizado el potencial competitivo del plantel. Con todos los futbolistas motivados, cualquier contratiempo, como las lesiones, resulta más llevadero.
Desde su llegada, Matarazzo ha demostrado que su preparación fue meticulosa. Cuando contactó con la directiva en octubre, tuvo tiempo para evaluar a los jugadores y se dio cuenta del amplio margen de mejora que existía. A pesar de que algunos lo consideraban un desconocido para la Liga, quienes lo rodean destacan su conocimiento profundo no solo del equipo, sino también de los rivales.
El nuevo técnico tuvo que enfrentarse a un vestuario afectado por la falta de continuidad, con futbolistas como Odriozola y Sadiq considerados casi descartes. Sin embargo, Matarazzo optó por darles protagonismo, lo que ha permitido que jugadores como Beñat Turrientes, Pablo Marín y Sucic recuperen su importancia en el equipo, mientras que otros como Óskarsson y Zakharyan también comienzan a destacar.
Ante la ausencia de piezas clave como Kubo y Barrenetxea, el técnico confió en Guedes, quien ha respondido con un rendimiento sobresaliente. En lo que va de temporada, ha anotado siete goles y proporcionado seis asistencias, destacando su conexión con Oyarzabal como un punto fuerte del equipo.
La transformación de Odriozola, quien ha pasado de ser un jugador marginal a generar debate sobre su ausencia en el once titular, es otro ejemplo del impacto de Matarazzo. Pablo Marín ha encontrado un papel más atrevido en el juego, al tiempo que Turrientes ha confirmado las promesas que mostró anteriormente, aportando energía y carácter al centro del campo.
Sucic, una de las apuestas del club, empieza a mostrar su verdadero potencial, mientras Óskarsson se siente cada vez más seguro gracias a la confianza que le ha brindado el entrenador. Con Yangel como una pieza clave y Aritz mostrando su fiabilidad, el único enigma sigue siendo Zakharyan, quien busca recuperar su mejor rendimiento tras algunas apariciones recientes.
El enfoque de Matarazzo destaca en un fútbol donde la urgencia es constante. Su capacidad para recuperar a jugadores que habían perdido protagonismo demuestra su confianza y paciencia. Ha logrado transformar el fondo de armario en una fuente de solidez, manteniendo a la plantilla activa y disponible. Esta gestión emocional es fundamental, ya que un grupo cohesionado y motivado se traduce en un equipo más competitivo. La llegada del preparador americano ha traído consigo un ambiente renovado y esperanzador para el futuro del club.






























































































