El atletismo en Kenia va más allá de ser una simple práctica deportiva; se ha convertido en un medio esencial para la supervivencia de muchos jóvenes en este país africano. En regiones como el Valle del Rift, los jóvenes recorren largas distancias diariamente con el fin de satisfacer sus necesidades básicas, desde buscar agua hasta asistir a la escuela. Este esfuerzo, heredado de sus antepasados nómadas, les prepara no solo físicamente, sino también para aspirar a un futuro mejor, en el que las medallas deportivas pueden significar la transformación de sus vidas y las de sus familias.
Kenia destaca en el ámbito del deporte, convirtiéndose en el segundo país con más medallas en el atletismo a nivel mundial, solo superado por Estados Unidos. Sin embargo, su éxito no es casualidad, sino el resultado de un estilo de vida que prioriza la resistencia y la dedicación. Los atletas kenianos se entrenan en condiciones que favorecen su rendimiento, como la altitud, lo que les permite mejorar su capacidad de oxigenación. Además, la dieta rica en carbohidratos y la rutina de descanso son factores clave que implican una mentalidad espartana enfocada en el logro de resultados.
Patrick Sang, un reconocido entrenador de élite, subraya que la necesidad es el motor detrás de la dedicación de estos atletas. “Correr no es una pasión para nosotros, correr es doloroso, pero nos proporciona un futuro mejor para nuestras familias”, señala Sang, quien ha trabajado con Eliud Kipchoge, considerado el mejor maratoniano de la historia. La cultura del entrenamiento en Kenia se basa en un enfoque riguroso, donde el descanso se considera un componente fundamental. “¿Cómo vais a correr los europeos como los keniatas si dormimos dieciséis horas y vosotros en vez de descansar quedáis con amigos?”, enfatiza el entrenador, reflejando así una diferencia cultural significativa entre los atletas de ambos continentes.
A pesar de su éxito, el atletismo keniano enfrenta un desafío considerable en forma de dopaje. El número de atletas que han dado positivo por sustancias prohibidas está en aumento. Entre los casos más recientes se encuentra Albert Korir, ganador del maratón de Nueva York en 2021, quien ha sido suspendido tras dar positivo por CERA, una sustancia prohibida por la Agencia Mundial Antidopaje. Según la Unidad de Integridad del Atletismo (UIA), Kenia lidera las listas de sanciones por dopaje, con un total de 140 atletas suspendidos, lo que pone en entredicho la reputación del país como bastión de la pureza deportiva.
En el contexto actual, el presidente de Kenia, William Ruto, ha tomado cartas en el asunto y ha acordado con Sebastian Coe, presidente de World Athletics, intensificar los esfuerzos por erradicar el dopaje en el deporte. Ruto ha prometido destinar 28 millones de dólares en los próximos cinco años para abordar este problema, reconociendo que “la lucha contra el dopaje está amenazando nuestro patrimonio”. Esta colaboración busca restaurar la imagen del atletismo keniano a nivel internacional.
La situación se ha vuelto preocupante, ya que en 2022, la UIA reportó 54 casos de dopaje, cifra que se elevó a 119 en 2024. Estos datos revelan una tendencia alarmante que erosiona la confianza en un modelo que antes era elogiado como ejemplo de esfuerzo y dedicación. Los atletas kenianos, enfrentados a una creciente presión por sobresalir en un entorno competitivo, se ven atrapados en un ciclo donde cada nuevo positivo afecta no solo su carrera, sino también la percepción global del deporte en su país.
Mientras Kenia sigue dominando en el ámbito del atletismo, surge una pregunta crucial: ¿cuánta credibilidad le quedará a su éxito si la batalla contra el dopaje no cesa? La necesidad de triunfar se enfrenta a la sombra del escándalo, y aunque la pasión por el deporte continúa, las consecuencias de estos problemas podrían cambiar drásticamente el paisaje del atletismo en el futuro.





























































































