La historia del Bera Bera en la Copa de la Reina tiene un capítulo significativo en 2007, cuando se proclamó campeón por primera vez. En ese año, el equipo donostiarra enfrentó grandes dificultades tanto en lo económico como en lo deportivo, lo que hizo que su triunfo fuera aún más emotivo. Tati Garmendia, campeona de esa final, recuerda con nostalgia aquellos momentos, resaltando que «fue un año muy complicado» y que no eran consideradas favoritas frente a otros clubes más fuertes.
A pesar de la adversidad, el equipo creció a lo largo de la temporada y, en un inesperado recorrido, logró desbancar a rivales poderosos, como el Itxako en cuartos (28-29), el Elda en semifinales (34-28), y finalmente al Ribarroja en la final (25-22). Garmendia, que tuvo que seguir la final desde el hotel debido a una enfermedad, asegura que «fue una situación muy dura para mí» y que el rol de jugadora-entrenadora que asumió resultó incompatible con su deseo de competir en la cancha.
Las comparaciones con el presente son inevitables, especialmente ahora que la Real Sociedad se prepara para una final en el futuro cercano. Aunque actualmente no se considera un favorito, la temporada irregular del equipo ha mejorado gracias a la llegada de su nuevo entrenador, Imanol Pradales. Garmendia subraya que «el equipo le ha dado la vuelta a la temporada y está en su mejor momento».
La experiencia de Garmendia también resalta cómo el deporte a veces desafía las expectativas conocidas. La presión de ser el favorito puede ser un lastre, mientras que jugar sin esa carga puede abrir oportunidades. «Cuando no eres favorito, tu trabajo ya está hecho. Todo lo que hagas está bien. Eres mucho más valiente», señala Garmendia.
Otro factor importante a considerar es el impacto de la afición en estos encuentros decisivos. Garmendia cree que el apoyo de los seguidores es fundamental, afirmando que «eso sin ninguna duda influye». La diferencia entre jugar ante un estadio lleno y uno vacío es enorme, como recordó la final de 2021, donde la ausencia de público se sintió profundamente.
En cuanto a la próxima final de la Real Sociedad, Garmendia es clara: «La Real ha llegado con el objetivo más que cumplido. Tiene que jugar creyendo en sí misma, sin complejos». La confianza en el equipo y su capacidad para enfrentar el desafío es vital. Con la esperanza de que la Copa regrese a Donostia, Garmendia comparte su deseo de que tanto su equipo como la Real logren victorias el mismo día. «Si el sábado acaba con victoria nuestra y de la Real, perfecto», concluye.
Así, el camino hacia el éxito se entrelaza con la historia reciente del Bera Bera, un club que ha sabido superar los obstáculos y que ahora sirve como inspiración para otros equipos en Gipuzkoa. A medida que los aficionados se preparan para un nuevo capítulo, la conexión entre el pasado y el futuro sigue viva, recordando que, a pesar de las dificultades, siempre hay espacio para la esperanza y la victoria.




























































































