La Real Sociedad ha demostrado su fortaleza y persistencia en la Copa del Rey, logrando una histórica clasificación para la final tras un emocionante camino lleno de desafíos. Desde el primer enfrentamiento contra la SD Negreira hasta la crucial semifinal frente al Athletic Club, el equipo ha mostrado un notable crecimiento y adaptación. Este viaje ha incluido un total de siete partidos, que culminarán en la final prevista para abril en Sevilla.
La trayectoria comenzó en la primera ronda, donde el equipo guipuzcoano se impuso con claridad. En el partido inaugural, la Real dominó el juego y consiguió abrir el marcador gracias a un gol de Mikel Goti. Posteriormente, Arsen Zakharyan y Beñat Turrientes se encargaron de sellar un contundente triunfo. Esta victoria inicial fue un visto bueno para el equipo, que se trasladó luego a Catalunya para enfrentarse al Reus FC Reddis.
En aquella segunda ronda, Goti volvió a brillar, anotando el primer tanto, seguido por un penalti ejecutado por Umar Sadiq que aseguró el pase a la siguiente fase. Sin embargo, la situación del equipo se tornó complicada en la tercera ronda, cuando Sergio Francisco dejó su puesto como entrenador. Jon Ansotegi asumió el mando en un momento crítico, donde cada victoria era esencial no solo para el avance en la Copa, sino también para mantener la moral alta en la liga.
El enfrentamiento en la tercera ronda fue marcado por un gol del alicantino Luka Sučić, que parecía poner en peligro la continuidad de la Real en el torneo. Sin embargo, la capacidad de reacción del equipo fue notable, y Pablo Marín logró el gol del triunfo en el minuto 96, evitando así una eliminación que habría impactado gravemente en el ánimo del grupo.
Con el equipo ya en octavos de final, el destino los llevó a enfrentarse nuevamente a Osasuna en un ambiente conocido. El partido, disputado en Anoeta, comenzó con desventaja para la Real, que se vio superada por un comienzo errático. Sin embargo, una reacción contundente permitió a Turrientes y Zubeldia igualar el marcador, llevando el duelo a la prórroga. En la tanda de penaltis, Unai Marrero se convirtió en el héroe del encuentro, asegurando el avance a cuartos con un decisivo parada.
Los cuartos de final resultaron en otro derbi, esta vez contra el Alavés en Mendizorrotza. El encuentro fue intenso, y aunque la Real se encontró en desventaja, logró revertir la situación gracias a los goles de Gonçalo Guedes y Orri Óskarsson. Con un ambiente de euforia en la afición, la Real se preparaba para el siguiente desafío, que sería otro derbi, esta vez ante el Athletic Club, un rival de gran rivalidad.
El partido de ida, celebrado en San Mamés, fue muy disputado y estuvo marcado por una tensión palpable. Sin embargo, la Real logró salir victoriosa gracias a un gol de Turrientes, lo que generó optimismo para el partido de vuelta. En Anoeta, con una afluencia notable de público, el equipo dominó el juego desde el comienzo. Finalmente, Mikel Oyarzabal anotó un penalti que selló la clasificación para la final, un momento que quedará grabado en la historia del club.
La llegada a la final de la Copa del Rey representa no solo un logro deportivo, sino también un motivo de orgullo para la afición y la Diputación Foral de Gipuzkoa. La Real Sociedad busca ahora culminar este recorrido con un trofeo que sería el reconocimiento a su esfuerzo y tenacidad a lo largo de la competición. El próximo enfrentamiento promete ser una fiesta del fútbol, donde la Real espera dejar una huella imborrable en la historia del torneo.


























































































