La Federación Vasca de Fútbol ha decidido asumir la responsabilidad de gestionar 350 de las 800 entradas que la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) ha destinado para la final de la Copa del Rey. En este contexto, la Federación Guipuzcoana recibirá otras 350 entradas, mientras que las federaciones alavesa y vizcaína solo contarán con 50 cada una. Este cambio en la distribución de entradas ha suscitado críticas, especialmente al compararse con la final de 2021, donde la federación vizcaína pudo gestionar un total de 750 entradas, que fueron ofrecidas a clubes, jugadores y voluntarios.
En esa ocasión, diferentes entidades tenían acceso a las entradas, permitiendo a un mayor número de aficionados asistir a la final. Sin embargo, la situación se ha vuelto más complicada este año, dado que la Federación Guipuzcoana no tiene entradas disponibles para sus seguidores, lo que ha generado descontento entre los aficionados y la propia institución. Además, es importante destacar que, a diferencia de años anteriores, el presidente de la Federación Guipuzcoana no ha recibido la invitación habitual por parte de la RFEF para asistir a este evento, algo que no ocurría desde hacía décadas.
Este incidente se inscribe en un contexto de tensiones crecientes entre la RFEF y las tres federaciones territoriales de la Comunidad Autónoma del País Vasco. Como señaló Manu Díaz en una reciente entrevista, la situación actual refleja un grave deterioro de las relaciones institucionales con la Vasca, lo que va más allá de la simple gestión de entradas. Las federaciones territoriales han denunciado lo que consideran una campaña de desprestigio y marginación por parte de la RFEF, lo que ha llevado a un agravio en la gestión del fútbol en Euskadi.
En la misma línea, Díaz subrayó que “estamos en un momento crítico para las federaciones territoriales vascas” y añadió que el problema de las entradas no es el único que se enfrenta la federación. “A fecha de hoy, este (de las entradas) es un problema, pero el problema será el de la financiación, de organización, de capilaridad con los clubes”, declaró. Esta situación refleja la dificultad que enfrenta la federación para que se reconozca la singularidad de Euskadi, así como su capacidad para legislar en cuestiones que no se dan en otras comunidades.
Díaz también hizo hincapié en la incomprensión que existe en la RFEF sobre la estructura del fútbol vasco, que presenta cuatro voces distintas. “Entiendo que en la RFEF se lleve mal que el fútbol vasco tenga cuatro voces, que se hayan tenido que someter a esta situación durante cuatro décadas”, dijo. Este comentario resalta la necesidad de que la Federación Vasca adopte una postura más activa en la defensa de sus intereses, ya que la falta de representatividad podría tener un impacto negativo en el futuro del fútbol en la región.
La situación actual plantea interrogantes sobre cómo se manejarán las futuras relaciones entre estas instituciones en el ámbito deportivo. La falta de entradas para un evento tan significativo como la final de la Copa del Rey pone de manifiesto una crisis en la comunicación y el entendimiento entre la RFEF y las federaciones vascas. Este episodio podría ser un punto de inflexión que determine la forma en que se gestionará el fútbol en Euskadi en los años venideros.
































































































