Carlos Alcaraz volvió a protagonizar una remontada épica. Frente a Alexander Zverev, el murciano sufrió calambres y vómitos que amenazaron con sacarlo del encuentro, pero logró recomponerse y llevarse la victoria tras más de cinco horas de juego. Entre las imágenes que dejó el partido destacó un gesto que llamó la atención del público: el tenista bebiendo zumo de pepinillos en un intento por frenar las contracciones musculares.
¿Funciona realmente este remedio? Carlos Revuelta, director del Máster Universitario de Alto Rendimiento Deportivo de la Universidad Europea, explica que la evidencia científica no respalda que el zumo de pepinillos o el vinagre prevengan los calambres por sí mismos. Lo que parece ocurrir, según diversos estudios, es que el ácido acético y otros compuestos de sabor intenso activan los receptores TRP (Transient Receptor Potential) de la boca y la garganta. Esa activación envía una señal refleja al sistema nervioso central que inhibe la motoneurona responsable de la contracción involuntaria. Dicho de otro modo: el sabor potente «reinicia» momentáneamente la señal nerviosa que mantiene el músculo contraído.
Más psicología que fisiología
Revuelta considera que esta estrategia tiene un componente fundamentalmente psicológico. «El mal sabor hace que el deportista se olvide del dolor del calambre y siga compitiendo», señala. No es el único truco que circula en el deporte de élite: según el experto, algunos ciclistas profesionales llegan a pincharse en los muslos para desviar la atención del espasmo muscular.
En el caso de Alcaraz, el calor y una posible rehidratación insuficiente durante el partido pudieron contribuir a la aparición de los calambres, aunque el aumento de intensidad en determinadas fases del encuentro también pudo acelerar la deshidratación. Sea como fuere, el tenista supo transformar un momento crítico en un punto de inflexión. «Solo los maestros como él pueden hacerlo y volver a renacer», apunta Revuelta, que destaca el papel de lo emocional en la recuperación: «El chute de energía que te da la emoción no puede igualarse a otra cosa».
De cara a la final, el esfuerzo de más de cinco horas podría pasar factura, pero el experto confía en la capacidad de recuperación de un tenista acostumbrado a entrenar de forma continuada y sin descanso completo. Su equipo, asegura, aplicará protocolos de recuperación que pueden incluir trabajo en bicicleta, masajes, medias de compresión, terapias de oxígeno, hidratación y suplementación nutricional. Es probable, añade, que al día siguiente Alcaraz vuelva a coger la raqueta para un entrenamiento suave mientras sus preparadores gestionan las cargas de los días previos al próximo partido.






























































































