El Real Unión ha logrado este domingo su regreso a la Primera RFEF tras vencer al Náxara por un contundente 3-0 en el Stadium Gal. Este triunfo, junto con los tropiezos de otros equipos como el Alavés B y la SD Logroñés, ha permitido al club dar un paso importante hacia la Segunda División, aspiración que se había visto truncada en años anteriores.
La trayectoria del club había estado marcada por la inestabilidad, con un cambio constante de entrenadores que, aunque lograron cumplir objetivos en el pasado, no pudieron establecer un proyecto sólido. La última vez que se había evitado el descenso fue bajo la dirección de Iñaki Goikoetxea en mayo de 2023, pero no ocurrió lo mismo en esta ocasión, donde el descenso se hizo inevitable.
Con esta nueva etapa, la dirección encabezada por Igor Emery, hermano del técnico Unai Emery, vuelve a poner sobre la mesa el sueño de ascender a la Segunda División, permitiéndose soñar después de un lustro sin éxito. El club, que ha experimentado diversas dificultades financieras, ha tenido que recurrir a varias ampliaciones de capital para mantenerse a flote, incluida una reciente con el grupo V Sports que alcanzó los 4,5 millones de euros.
El banquillo del Real Unión ha visto a numerosos entrenadores en un corto periodo. Aitor Zulaika fue el primero en asumir el cargo, pero fue destituido en diciembre de 2022. Le siguió David Movilla, quien también fue reemplazado tras poco tiempo. Iñaki Goikoetxea, aunque logró mantener al equipo en la categoría, no fue visto como el ideal para un nuevo proyecto, lo que llevó a la llegada de Fran Justo.
Justo comenzó la temporada 2023/2024, pero su paso por el club no duró mucho debido a la inestabilidad generada por la ruptura con la Real Sociedad y la alianza con el grupo propietario del Aston Villa. El donostiarra Iñigo Idiakez tuvo una corta estancia, y tras su salida, Justo fue llamado nuevamente, aunque optó por no continuar en Irun. Finalmente, Mikel Llorente asumió el mando, pero fue destituido tras un mal arranque.
La situación del equipo se complicó hasta que el joven entrenador Albert Carbó llegó a Irun, aunque no pudo evitar el descenso a la Segunda RFEF después de más de 25 años en la categoría superior. El margen que ofrecía la liga era estrecho, con 34 jornadas y la amenaza de cinco descensos, pero tras una racha de seis victorias consecutivas entre finales de 2025 y principios de 2026, el equipo logró asegurar su ascenso.
Aunque la temporada se vio marcada por altibajos, el club ha mostrado una mejoría notable y está en una posición más favorable para enfrentar el futuro. Esta nueva etapa podría ofrecer la estabilidad que el Real Unión tanto necesita, permitiéndole aspirar a un lugar en la Segunda División sin el peso del descenso. La afición se muestra esperanzada ante lo que pueda venir, pues el equipo ha demostrado que puede enfrentarse a los retos con determinación y fuerza.




























































































