La reciente modificación del formato de la Copa del Rey ha generado un gran revuelo entre aficionados y expertos del fútbol español. Desde la temporada 2019/2020, se eliminó el sistema de eliminatorias a doble partido hasta las semifinales, permitiendo que los equipos de menor categoría jueguen en su propio estadio frente a los más grandes. Esta innovación ha sido recibida positivamente, ya que ofrece una oportunidad única para que los clubes más pequeños compitan en condiciones más favorables y disfruten de un significativo beneficio económico y deportivo.
En esta edición de la Copa, el Albacete se ha convertido en el equipo sorpresa al eliminar al Real Madrid con un gol en el tiempo de descuento, tras haber vencido al Celta de Vigo. Ahora, el equipo manchego se enfrenta al FC Barcelona en cuartos de final, lo que añade un toque de emoción a esta fase del torneo. Este hecho ha despertado críticas sobre el desempeño del club catalán, que ha tenido un camino relativamente sencillo al enfrentar a rivales de menor categoría en sus dos eliminatorias previas.
Si el FC Barcelona logra salir victorioso en el partido programado para el Carlos Belmonte, avanzaría a semifinales sin haber jugado contra un equipo de Primera División, algo que ha generado controversia. Este contraste se hace aún más evidente si se observa el recorrido del Deportivo Alavés, que ha tenido que enfrentarse a varios equipos de la máxima categoría en su camino hacia las fases finales. La situación plantea interrogantes sobre la dirección que está tomando esta competición, que busca mantener su prestigio y competitividad.
Otro cambio significativo en el panorama futbolístico español ha sido la reestructuración de la Supercopa de España, que ahora se celebra en enero y reúne a los dos primeros equipos de la tabla y a los finalistas de la Copa. Este nuevo formato a ‘final four’ se ha trasladado a Arabia Saudí, lo que ha generado críticas por su enfoque comercial, a pesar de que la Real Federación Española de Fútbol lo defiende como una decisión más lucrativa. De este modo, los equipos que participan en esta competición se saltan las dos primeras rondas de la Copa, facilitando su avance hacia etapas más avanzadas del torneo.
A pesar de la intención de aligerar el calendario, estas decisiones han sido percibidas como injustas, especialmente cuando los clubes se enfrentan en sus primeros encuentros a rivales de categorías inferiores. Históricamente, la Supercopa era considerada un torneo menor que se disputaba en agosto y que, por lo general, presentaba un nivel de competencia menor. Con el nuevo formato y la disputa en el extranjero, el interés de los aficionados ha disminuido notablemente, lo que ha llevado a cuestionar la esencia del fútbol en España.
Al comparar la Copa del Rey con la FA Cup inglesa, se observa un contraste notable. La FA Cup, que se inició en 1871, es reconocida como la competición más antigua del mundo y mantiene un formato de eliminación directa sin cabezas de serie. Esta estructura permite que equipos de divisiones inferiores jueguen en estadios de clubes más grandes, promoviendo la competitividad y el espíritu del fútbol. En este torneo, el sistema del «replay» también resalta una tradición que ha sido modificada recientemente para adaptarse a las exigencias del calendario moderno.
Los equipos que alcanzan las instancias finales de la FA Cup disfrutan de la oportunidad de jugar en sedes neutrales, siendo Wembley el escenario icónico de las últimas ediciones. Además, el ganador recibe tanto el trofeo como un billete para la Europa League de la siguiente temporada. Esta combinación de tradición y justicia deportiva ha hecho que el torneo sea muy apreciado por los aficionados y a menudo se le considera un ejemplo a seguir para otras competiciones.
A medida que la Copa del Rey y la Supercopa evolucionan, la contrastante percepción entre ambos formatos deja entrever una búsqueda de equilibrio entre el atractivo comercial y la esencia deportiva del fútbol. Mientras que en Inglaterra se busca la meritocracia y se valora el esfuerzo de todos los equipos, en España parece que se prioriza el status quo de los clubes más poderosos. Esta situación invita a reflexionar sobre el futuro de las competiciones, la pasión de los aficionados y el verdadero espíritu del deporte rey en el país.





























































































