El centrocampista de la Real Sociedad, Carlos Soler, se muestra optimista ante la inminente final de la Copa del Rey, un evento que la afición ha anhelado con fervor. Reconoce que tanto él como sus compañeros están preparados para enfrentar un desafío que promete ser memorable, especialmente para los seguidores txuri-urdin. Soler, quien ha vivido diversas finales, espera que el 20 de enero sea un día especial en Anoeta, donde el equipo luchará por el título.
Recordando las semifinales contra el Athletic, el jugador señala que fue un enfrentamiento que no olvidará. «Este año nos enfrentamos a ellos en varias ocasiones, logrando victorias significativas», comenta, aludiendo a que solo hubo un empate, el cual cree que debió ser una victoria. Este derbi, cargado de historia y rivalidad, se vivió de manera intensa, especialmente en la primera ronda en Anoeta, donde había una presión considerable por la situación del equipo. Sin embargo, las victorias en la Copa les han dado una inyección de confianza.
La final, según Soler, no tiene un claro favorito. Aunque muchos podrían inclinarse hacia el Atlético de Madrid por sus logros previos, asegura que “es un partido único, donde todo puede pasar”. El ambiente en el estadio será crucial, y espera que los aficionados disfruten de cada instante, ya sea durante los 90 o 120 minutos del encuentro.
En cuanto a los rivales, si tuviera la opción de elegir a un jugador del Atlético, mencionaría a Antoine Griezmann. «Su experiencia y calidad lo convierten en un jugador de clase mundial, especialmente en una final», señala, destacando la importancia de la motivación en estos partidos. La presión que siente el equipo es palpable, pero también lo es la emoción de jugar para sus seguidores, que estarán presentes en el estadio.
Soler también reflexiona sobre sus experiencias previas en finales. Ha tenido la oportunidad de jugar en distintos escenarios, incluyendo el Villamarín y La Cartuja. «Cada final tiene su propia historia», afirma, recordando la alegría de ganar su primera final, que resulta invaluable en comparación con la derrota en otro encuentro decisivo. «La primera victoria es un momento imborrable», añade, subrayando la importancia de vivir ese tipo de experiencias.
El ambiente previo a la final es único. Soler describe cómo el estadio se llena horas antes del inicio del partido, algo que no se vive ni en las competiciones europeas. «Ese momento es realmente especial y crea una atmósfera única», comenta, enfatizando la relevancia de la afición, que siempre juega un papel fundamental en estos eventos.
Sin embargo, también reconoce que hay temores previos a los partidos cruciales. «Si llegas con miedo, es difícil que las cosas salgan bien», reflexiona. La oportunidad de jugar una final puede presentarse solo una vez en la vida, y la presión puede ser abrumadora. A lo largo de su carrera, ha aprendido a manejar esas emociones y a disfrutar de cada momento. «Las mariposas en el estómago son parte de la experiencia», admite.
La conexión personal que siente hacia Sevilla también es notable, ya que su esposa es originaria de allí. «Este lugar tiene un significado especial para mí y para mi familia», comenta, revelando su deseo de establecerse allí, lo que añade un nivel personal a su participación en esta final. Con un enfoque en lo que vendrá, Soler se muestra listo no solo para competir, sino para crear recuerdos duraderos tanto para él como para los aficionados que lo han apoyado a lo largo de los años.





























































































