El debate sobre el futuro de Arsen Zakharyan sigue latente en la Real Sociedad. Han pasado tres años desde que el club realizó una considerable inversión de 13 millones de euros para fichar al jugador del Dinamo de Moscú, una apuesta que prometía un impacto significativo en el equipo. Sin embargo, pese a su potencial, el rendimiento del futbolista no ha logrado alcanzar las expectativas establecidas.
Durante su primera temporada, Zakharyan mostró señales positivas, aunque no logró consolidarse como titular indiscutible. Participó en 40 partidos, de los cuales 22 fueron como titular, acumulando un total de 1.861 minutos en el terreno de juego. A pesar de anotar un gol en la Liga y ofrecer dos asistencias, sus cifras generales fueron modestas. Sin embargo, su técnica y visión de juego dejaron entrever un gran potencial que alimentaba el optimismo en Zubieta.
A pesar de su aprendizaje en escenarios difíciles, como San Siro, su etapa como jugador en la Real se vio interrumpida por una grave lesión sufrida en la pretemporada. Esta situación lo limitó a apenas un partido como titular, donde anotó un gol, y solo pudo jugar 79 minutos en todo el curso. Este parón no solo afectó su rendimiento, sino que también se tradujo en una falta de continuidad que podría tener consecuencias en su carrera a largo plazo.
El inicio de este año se esperaba como el de su consolidación, pero nuevamente las estadísticas han sido poco alentadoras: 16 partidos disputados, con solo cuatro titularidades y un gol en la Copa. Algunas de sus actuaciones han dejado una impresión negativa, como un penalti fallado en un momento crucial y varias ocasiones desperdiciadas en partidos decisivos.
La frustración es palpable en Anoeta, donde la hinchada ha comenzado a impacientarse con respecto a la falta de resultados. La dirección del club, encabezada por Pellegrino Matarazzo, ha manifestado su respaldo al jugador, asegurando que no se contempla su salida en el próximo mercado de invierno, a pesar de los rumores que han circulado.
En el vestuario de Zubieta, la confianza en Zakharyan parece inquebrantable. Sus compañeros de equipo y la directiva creen que es un futbolista con un potencial diferenciado. Sin embargo, la presión que implica el fútbol profesional exige un rendimiento constante, algo que, hasta ahora, no se ha alcanzado.
El contexto de su llegada al club también es relevante. Zakharyan asumió la responsabilidad de suplir a un ícono como David Silva, y esta carga emocional y técnica ha contribuido a las expectativas depositadas en él. Sin embargo, las lesiones han alimentado las dudas sobre su futuro, y aunque los servicios médicos defienden su profesionalismo, cada nueva ausencia intensifica la preocupación.
Con solo 22 años, Zakharyan se encuentra en una encrucijada: el tiempo juega en su contra y la necesidad de continuidad es evidente. Su calidad técnica sigue intacta, destacándose en el golpeo y la visión de juego, pero la falta de regulares oportunidades competitivas ha hecho que algunos se cuestionen si realmente podrá dar el salto necesario para ser un jugador clave en el equipo.
La Real Sociedad ha invertido en un proyecto que, por el momento, parece estar en construcción. La afición sigue esperando que el talento de Zakharyan se traduzca en rendimiento efectivo y tangible. A medida que avanza la temporada, la pregunta que resuena en Anoeta es si el joven jugador podrá cumplir con las altas expectativas que se han depositado en él, o si, por el contrario, su historia se convertirá en una promesa incumplida. El tiempo y las decisiones que tome el club serán determinantes para su futuro.





























































































