El escalador estadounidense Alex Honnold ha vuelto a marcar un hito en su carrera al escalar el Taipei 101, un emblemático rascacielos de 508 metros situado en Taiwán, en un evento que fue transmitido en vivo por Netflix. Este desafío, que tuvo lugar la madrugada del evento y que fue retrasado debido a condiciones climáticas adversas, culminó con éxito, confirmando una vez más la capacidad del ser humano para superar sus propios límites. Desde su famosa ascensión a El Capitán, Honnold ha estado en el centro de atención, y esta vez no fue diferente.
La escalada comenzó a las 9 de la mañana, hora local, y Honnold se había preparado durante casi tres meses con un riguroso entrenamiento. En sus propias palabras, este desafío era más un reto físico que técnico: “Los edificios son mucho más repetitivos; el mismo patrón de movimientos una y otra vez”, explicó. Esto le exigió un esfuerzo constante, lo que hizo que la experiencia fuera única, pero también agotadora.
Honnold, que se presentó vestido con su característica camiseta roja y llevando equipo mínimo, comenzó su ascensión frente a una multitud que observaba expectante. Durante la escalada, que tenía un retardo de 10 segundos en la transmisión para prevenir cualquier fallo, el escalador mantuvo una comunicación constante tanto con el público como con los presentadores del evento. “Cada movimiento cuenta y así tengo que estar para escalar bien”, comentó en un momento de la ascensión.
El Taipei 101, que se asemeja a un tallo de bambú y tiene un diseño en forma de pagoda, presentó desafíos únicos. Honnold tuvo que sortear dragones decorativos en cada segmento del rascacielos, y en algunos momentos, el viento y la suciedad le complicaron la tarea. “Hace mucho viento”, reportó el escalador, mientras limpiaba las suelas de sus pies de gato con las manos. A pesar de las dificultades, la concentración de Honnold era absoluta, y pudo incluso dedicar momentos para saludar a los espectadores, entre los que se encontraba su esposa.
La ascensión, que duró exactamente 1 hora, 31 minutos y 40 segundos, superó la estimación inicial de dos horas por parte del equipo de producción de Netflix. Al llegar a la cima, Honnold no pudo evitar expresar su asombro: “De locos. Esto es divertido. Qué increíble vista de Taipéi, qué día tan hermoso”, dijo mientras tomaba un selfie en la cumbre. Sin embargo, también enfrentó el riesgo de que el sol pudiera calentar demasiado la estructura, comprometiendo su agarre.
Aunque Honnold admitió sentir un gran cansancio tras la ascensión, se mostró satisfecho con el logro. “Estoy muy contento y muy cansado. Todo el edificio es muy físico. Mis brazos están cansados”, afirmó. Honnold se convirtió en el primer escalador en realizar esta hazaña en solo integral, un hecho que genera tanto admiración como preocupación en la comunidad de escaladores. En 2004, el escalador francés Alain Robert ya había ascendido el Taipei 101, pero lo hizo utilizando cuerdas y arnés, como exigían las autoridades.
El éxito de Honnold no ha estado exento de críticas y debates éticos. Robert, quien ha defendido a Honnold, comentó sobre la responsabilidad que implica un desafío de tal magnitud: “Conozco a Alex. Ya ha planeado sus límites. No hay ni una entre cien posibilidades de que esta sea su última escalada”. No obstante, la muerte de otros escaladores durante eventos similares genera inquietud sobre el impacto que esto puede tener en futuros escaladores.
Este tipo de desafíos despierta preguntas sobre los límites humanos y la influencia que pueden tener en otros. Los expertos advierten que actuaciones como las de Honnold podrían motivar a emuladores a superar sus capacidades. La pregunta persiste: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar un ser humano? La hazaña del escalador plantea un dilema entre la genialidad y la temeridad, un debate que seguramente continuará en la comunidad de escaladores.






























































































