La periodista donostiarra Rosa Díez-Urrestarazu ha hecho su incursión en el mundo de la literatura tras una larga trayectoria en el periodismo. Su primera novela, publicada en 2024, ha sido seguida por su segundo trabajo, Cuando brillan las manzanas, que vio la luz en otoño del año pasado y ya ha alcanzado su segunda edición. Esta obra se desarrolla en la casa-cuna de Fraisoro, ubicada en Zizurkil, y está ambientada entre las décadas de 1950 y 1960. La narrativa se centra en la vida de tres jóvenes de diferentes estratos sociales, quienes se ven obligadas a ocultar sus embarazos debido a los estrictos códigos morales de la época.
Díez-Urrestarazu explica que su interés por escribir sobre Fraisoro nació de su curiosidad desde la infancia. Recuerda cómo se hablaba de este lugar en susurros, lo que despertó su deseo de investigar más sobre su historia. A pesar de encontrar escasa información, salvo un libro de Eva M. García, logró recopilar datos para retratar fielmente cómo funcionaba esta institución y las circunstancias que llevaban a las mujeres a dar a luz allí.
La autora señala que la visión común sobre las inclusas suele ser sombría, asociándolas con situaciones de ilegalidad y maltrato. Sin embargo, su novela busca relatar el sufrimiento de aquellas mujeres que, durante el franquismo, se vieron forzadas a ocultar su maternidad. «Se ha escrito mucho sobre los niños robados, pero nunca sobre la madre que debía deshacerse de su hijo por el miedo a ser rechazada», comenta. Este enfoque revela una realidad dolorosa que ha permanecido silenciada por mucho tiempo.
Uno de los aspectos que más impactó a la escritora fue el número de niños que nacieron en Fraisoro. La institución, que funcionó entre 1903 y 1994, acogió a más de 12.000 bebés. «La mayoría de las madres eran de Gipuzkoa y sus alrededores», detalla. Este dato resalta la relevancia histórica de Fraisoro y la necesidad de recordar las vivencias de aquellas mujeres que pasaron por allí. Además, la atención que se brindaba en la institución era notable, lo que contrasta con la idea negativa que a menudo se tiene de estos centros.
Desde su publicación, la novela ha sido bien recibida, llegando rápidamente a su segunda edición. La autora ha recibido numerosos mensajes de mujeres que compartieron su experiencia de haber entregado a sus hijos en Fraisoro. «Es conmovedor saber que algunas de ellas, incluso en su lecho de muerte, pidieron a sus familias que localizaran a sus hijos», comenta emocionada, recordando el impacto emocional que ha tenido su obra.
La obra también desafía mitos sobre las mujeres que acudían a la casa-cuna. Aunque existe una percepción de que eran principalmente prostitutas, Díez-Urrestarazu aclara que solo representaban el 10% de las visitantes. Muchas de las mujeres eran de familias acomodadas y, por lo tanto, la novela refleja una realidad más compleja y matizada.
En la narración, la protagonista, Alejandra, proviene de una familia adinerada de Neguri. La autora menciona que existía una sección en Fraisoro para mujeres de altos recursos, lo que permitía que ingresaran con menos tiempo de embarazo que las mujeres de estratos más bajos. «El dolor y el sufrimiento no discriminan por clase social», afirma, aludiendo a cómo la angustia afectaba a todas por igual.
La autora también refleja la doble moral de la época, donde las mujeres enfrentaban un sufrimiento constante. «La carga emocional de entregar un hijo es algo que les acompaña toda la vida», explica, aludiendo a los difíciles interrogantes que surgen en estos casos. Las historias que ha escuchado de mujeres que, tras entregarse, intentaron encontrar a sus hijos a lo largo de los años, son desgarradoras y reflejan un sufrimiento que perdura.
La novela, si bien centrada principalmente en Zizurkil, también menciona otros lugares como Donostia y Biarritz. La autora elige estos escenarios por su relevancia literaria y su capacidad para ilustrar la historia vasca. «Quería demostrar que el sufrimiento de estas mujeres impactaba a todas, independientemente de su posición social», añade.
El título de la novela hace referencia a un manzanar que existía en Fraisoro, un lugar donde las jóvenes compartían sus penas. Según Díez-Urrestarazu, las manzanas son parte de la identidad vasca y su uso en la cultura local ha sido vital a lo largo de los siglos. Este simbolismo refuerza la conexión emocional entre las protagonistas y su entorno.
La escritora, que también ha publicado Deja escribir al tiempo, menciona que su próximo proyecto seguirá explorando temas históricos, con una parte ambientada en Donostia y otra en Austria. «Euskadi tiene una rica historia literaria que merece ser contada», concluye, dejando entrever su compromiso por seguir explorando las complejidades emocionales de sus personajes en futuros trabajos.































































































