Nahia Intxausti, originaria de Lasarte-Oria, ha encontrado en la poesía una vía de expresión tras enfrentarse al diagnóstico de cáncer. A pesar de haber estado alejada de la escritura en los últimos años, la enfermedad la ha llevado a retomar su pasión por la literatura. Su primer libro de poemas, titulado «Zainetatik zilarra», ha sido publicado por la editorial Pamiela, y aunque se muestra satisfecha, también siente una mezcla de emociones respecto al impacto que tendrá su obra.
En una reciente entrevista, Intxausti reflexionó sobre cómo el cáncer ha transformado muchos aspectos de su vida, incluyendo su relación con la escritura. «El cáncer me ha brindado una oportunidad para regresar a un mundo que amaba mucho: la literatura», comentó. La autora admite que su vida estaba muy centrada en lo productivo y que había dejado de lado lo que realmente le proporcionaba alegría. Gracias a su enfermedad, ha podido redescubrir la escritura como una forma de disfrutar y jugar.
El proceso creativo de Intxausti comenzó con la llegada de su diagnóstico. En ese momento, se vio incapaz de dormir y comenzó a anotar imágenes y pensamientos que le venían a la mente. Aunque hubo un periodo en el que no pudo escribir debido a la quimioterapia, a medida que fue recuperándose, su creatividad resurgió con fuerza. «Fue un momento de inundación de ideas cuando intentaba volver a la normalidad», relató.
La naturaleza ha desempeñado un papel crucial en su proceso de sanación. Intxausti ha pasado más tiempo en entornos naturales, buscando refugio en el mar y la montaña. «La naturaleza siempre ha sido una compañera», explicó. Durante su recuperación, ha sentido la necesidad de acercarse a ritmos más lentos y relajados que le ofreció el entorno natural. Para ella, ningún lugar ha sido tan sanador como la naturaleza, donde ha encontrado una fuente de inspiración literaria.
En sus poemas, la escritora aborda la presión estética que enfrentan los pacientes oncológicos. «Es asombroso lo que la estética puede pesar en el sistema de salud y en la sociedad», afirmó. Intxausti ha notado que, a menudo, las recomendaciones que reciben los pacientes se centran en aspectos estéticos antes que en el tratamiento per se. Para ella, esta presión es un reflejo del «sistema cisheteropatriarcal» que existe en la atención médica.
Su obra no solo habla de su experiencia personal, sino que también busca conectar con las vivencias de otros. «Quería ir más allá de la visión individualista de la enfermedad», aseguró. Intxausti enfatiza que la enfermedad afecta no solo a quien la padece, sino a su entorno. En particular, ha querido dar voz a los niños, quienes a menudo son excluidos de estas conversaciones. «He visto cómo los niños lidian con la enfermedad en casa, y es un tema que no podemos ignorar», añadió.
La autora también ha manifestado la importancia de tejer redes de apoyo entre quienes atraviesan situaciones similares. «Es esencial reconocer que lo que consideramos íntimo puede ser político», afirmó. A través de su libro, busca visibilizar las luchas y patrones que existen en la experiencia de la enfermedad, subrayando que temas como la salud, la enfermedad y el cuerpo son cuestiones políticas que requieren atención.
Intxausti concluye con un mensaje de gratitud hacia el sistema de salud, reconociendo que gracias a él sigue viva. Sin embargo, también sostiene que hay muchas cosas que deben mejorar en el ámbito de la atención médica. Su poesía, por lo tanto, no solo es una forma de catarsis personal, sino también un llamado a la reflexión sobre cómo enfrentamos la enfermedad y cómo podemos mejorar el sistema en el que dependemos.


























































































