La artista Mirari Arana ha lanzado su primer EP titulado Hurbil, que fusiona pop y electrónica, en un viaje emocional introspectivo. Este trabajo, que se presentó oficialmente en 2025, está compuesto por cinco temas que buscan desvelar sentimientos ocultos, mostrando así una faceta más vulnerable de la cantante. Arana ha trabajado en este proyecto junto a Mon Dvy, reconocido productor, en el estudio The Blue de Mendavia, Navarra.
Al explorar las canciones de este primer EP, Arana ha querido acercarse a su audiencia de una manera auténtica. A través de sus letras, busca conectar con las emociones de sus oyentes, destacando la variedad de capas y colores que poseen sus composiciones. La artista siente que esta presentación es una forma de desnudarse emocionalmente, aunque reconoce que no siempre será necesario hacerlo en el futuro.
En cuanto a los aspectos musicales, el trabajo en el estudio ha dado lugar a arreglos complejos, donde se aprecia una sutil mezcla entre las bases rítmicas, su voz y toques de guitarra. Este proceso ha sido guiado por la experiencia de Mon Dvy, con quien Arana ha colaborado por primera vez. Desde el inicio, la intérprete aportó versiones acústicas de sus temas para trabajar juntos en la estructura de cada canción, asegurándose de que la voz y el mensaje prevalecieran en cada composición.
Sobre la experiencia de grabar su primer disco, Arana ha reflexionado: «Cuando se graba un disco, parece que se actúa como si supieras que el día siguiente vas a morir». Este comentario resalta el compromiso emocional que representa la creación musical, donde cada interpretación se convierte en una expresión personal intensa.
Al abordar su identidad artística, Arana admite que todavía se encuentra en un proceso de definición. Aunque ha explorado varios estilos como el pop, folk y lo acústico, se siente más conectada con la autenticidad en la creación de música que resuena con su interior. Se describe como una compositora que busca plasmar su mundo interno y establecer una conexión con sus oyentes.
El EP también refleja una necesidad de expresar sentimientos ocultos y construir una estética propia. Para Arana, muchas de las canciones nacieron de momentos específicos y emociones que, a menudo, se quedan atrapadas en el interior. «A menudo digo que lo que no puedo expresar con palabras lo canto», confiesa, y añade que completar una canción le ofrece una sensación de liberación y sanación.
En el contexto actual de la música vasca, donde la presencia femenina está aumentando, Arana observa tanto avances como desafíos. Aunque ve con buenos ojos la visibilidad de más mujeres en el escenario, también señala que persisten desigualdades en la industria, especialmente en áreas como la producción y la técnica. Sin embargo, está optimista respecto a la evolución del panorama musical en Euskadi, donde surgen nuevas propuestas y se desafían las normas establecidas.
Entre sus influencias, Arana menciona a artistas tanto locales como internacionales, destacando a Olaia Inziarte, Olatz Salvador, The Lumineers, y Gracie Abrams, entre otros. Lo que más le atrae de estos referentes es su capacidad para contar historias y transmitir emociones a través de su música.
Finalmente, hace hincapié en que la interpretación de sus canciones puede variar enormemente entre distintas personas. Reconoce que, a medida que sus obras son escuchadas, su significado puede cambiar con el tiempo, lo cual considera enriquecedor. En este sentido, cada canción que comparte se transforma en una experiencia única para cada oyente.





























































































