El proyecto Landarte ha dado un paso significativo en el fomento de la creatividad en las comunidades rurales de Navarra, con el objetivo de desarrollar dinámicas colectivas y procesos artísticos. Este año han participado los municipios de Arbontze, Bargota, Garde, Melida y Puiu. Cada localidad ha trabajado con un artista local para llevar a cabo proyectos que reflejan la identidad del territorio. Esta iniciativa, organizada por la Institución Príncipe de Viana y la Dirección General de Cultura, celebra su novena edición.
Marc Badal, trabajador del Centro de Arte Contemporáneo, ha destacado la importancia de propiciar el intercambio entre artistas y comunidades. Según Badal, hay un creciente interés por acercar el arte contemporáneo a las áreas rurales, y Landarte es un claro ejemplo de ello. “Creemos que estos procesos de creación fomentan experiencias y aprendizajes significativos”, afirmó. La intención es cultivar la creatividad desde las propias comunidades, sin enfocarse en la promoción turística.
El proceso del proyecto se articula en seis fases: selección de municipios, exploración, elección de creadores, investigación, desarrollo del proyecto y evaluación. Iniciado en enero, el proceso se extiende a lo largo de un año. Para su éxito, es fundamental contar con la colaboración de los habitantes y actores locales. “No pedimos encargos a los artistas. Se busca que no vengan con una idea preconcebida, sino que trabajen en un acompañamiento mutuo”, añadió Badal.
Hasta la fecha, han desarrollado cinco proyectos artísticos. En Arbontze, la artista Iona Hernández ha abordado las características cerámicas de los suelos locales con su proyecto «Lurraldea eskuez behatu». En Bargota, Marta Elia Aldave ha explorado los círculos femeninos a través de «Ez zapiak baino lehen». En Garde, Asier Gogortza ha reflexionado sobre la relevancia de los intxaurrondos en el paisaje emocional y geográfico del municipio mediante su proyecto «Intxaurrondoak». En Melida, Jara Calvo ha creado un recorrido escénico colectivo titulado «Melidako korronteak», diseñado como un espacio de encuentro y diálogo. Por último, en Puiu, Carmen Parrado Gil ha desarrollado el proyecto «Ziertzoa Puiun», que examina la interacción entre la memoria local y el paisaje.
El trabajo de Gogortza en Garde ha permitido a los artistas sumergirse en la cultura local. “Ha sido una oportunidad para conocer más sobre el pueblo y su historia”, comentó. Desde el comienzo del proceso, se ha sentido una conexión especial, lo que considera esencial para la continuidad de proyectos de esta naturaleza. A pesar de ser un pueblo pequeño, el dinamismo de sus habitantes ha sido notable. “Cada persona tiene sus propias tradiciones e ideologías, pero hay un fuerte potencial para unir fuerzas y trabajar juntos”, subrayó.
El programa ha querido profundizar en la esencia de Garde, analizando qué elementos son significativos para la comunidad y cómo se pueden plasmar artísticamente. Gogortza ha centrado su atención en los intxaurrondos, árboles que dotan de una identidad particular al lugar. “Si hubieran sido otros árboles, Garde sería diferente”, reflexionó. Para materializar esta conexión, se creó un dibujo de un intxaurrondo en el que los vecinos han contribuido añadiendo ideas y proyectos que desean llevar a cabo.
Además, en el marco de este trabajo, se han organizado charlas sobre los intxaurrondos, integrando relatos de la población, y se han llevado a cabo talleres de arte utilizando tintas obtenidas de la corteza de estos árboles. Gogortza, quien también es fotógrafo, ha dirigido talleres para que los participantes creen cámaras de fotos con nueces, capturando imágenes del entorno y la arquitectura local. Estas actividades no solo fomentan la creatividad, sino que también generan un sentido de comunidad y pertenencia entre los habitantes.
El impacto de iniciativas como Landarte es profundo, ya que permite a las comunidades rurales explorar y expresar su cultura de manera contemporánea, desdibujando las fronteras entre el arte y la vida cotidiana. Este enfoque no solo revitaliza el interés por el patrimonio cultural, sino que también sienta las bases para futuros proyectos creativos en la región. Así, el arte se convierte en una herramienta de cohesión social y desarrollo local, contribuyendo a un renacer cultural en el ámbito rural.




























































































