El director Hasan Hadi presenta su primer largometraje, ambientado en su tierra natal, Irak. Esta obra, que lleva por título La tarta del presidente (Mamlaket Al-Qasab), se desarrolla en los años 90, un período marcado por el conflicto y la opresión bajo el régimen de Sadam Husein. Hadi, que actualmente reside en Estados Unidos y enseña cine en la Universidad de Nueva York, utiliza sus recuerdos infantiles y el paisaje de Mesopotamia como telón de fondo para narrar la historia de una niña que busca ingredientes básicos para la repostería: huevos, harina, levadura y azúcar. Estos elementos se convierten en símbolos de la lucha por la supervivencia en un entorno hostil.
La trama se sitúa en un Bagdad devastado por bombardeos y la adoración ciega hacia un dictador ególatra, donde las imágenes de Sadam están omnipresentes. La protagonista, Lamia, vive días previos a una celebración significativa, el cumpleaños del líder, mientras enfrenta la cruda realidad de su entorno. Este filme, que ha logrado destacar en festivales internacionales, ha recibido el reconocimiento de la crítica, especialmente por su enfoque realista y conmovedor.
El trabajo visual de Hadi, en colaboración con el director de fotografía Tudor Vladimir Panduru, refuerza el impacto emocional de la historia. La película, que presenta a actores no profesionales y utiliza escenarios auténticos, busca reflejar la vida en Irak, subrayando las cicatrices que la guerra ha dejado en la sociedad. Hadi se inspira en el neorrealismo italiano, utilizando exteriores y centrándose en la vida cotidiana de los niños para ofrecer una perspectiva única sobre la moralidad y la corrupción que asolan a la población adulta.
A pesar de su aparente simplicidad, La tarta del presidente es un relato profundo que invita a la reflexión. Hadi muestra que, en medio de la devastación, hay gestos de bondad y humanidad entre los adultos, como el cartero y la abuela de Lamia, que aportan destellos de esperanza. Esta combinación de realismo y simbolismo es clave para entender el mensaje de la película, que denuncia las atrocidades del conflicto mientras resalta la resiliencia de las personas.
La película ha tenido un notable impacto en el mundo del cine iraquí, marcando la primera vez que una producción de Irak ha sido galardonada en el Festival de Cannes. Con premios tanto en la categoría de ópera prima como en la del público, La tarta del presidente establece un puente entre la crítica y el espectador, uniendo diferentes visiones sobre la realidad que se retrata. Este éxito internacional no solo destaca el talento de Hadi, sino que también pone de relieve la rica tradición cinematográfica de la región.
A través de su trabajo, Hadi consigue evocar emociones auténticas, utilizando elementos cinematográficos fundamentales como el parpadeo, que simboliza la fragilidad de la vida. La película se convierte en un reflejo de los efectos de la guerra y la violencia sobre la población, recordando que siempre hay víctimas inocentes en el fuego cruzado de los conflictos. En resumen, La tarta del presidente no es solo un filme que narra la historia de una niña en Irak, sino una poderosa declaración sobre el sufrimiento humano y la búsqueda de la dignidad en tiempos oscuros.





























































































