Joséba Potasio ha captado la atención de los asistentes al festival Loraldia, donde se ha presentado el último cortometraje de Josu Martínez. Este trabajo, que aborda la vida de un personaje invisible, fue exhibido el pasado 20 de marzo en Bilbao. El protagonista, interpretado por Peio Berterretxe, nos invita a adentrarnos en su mundo cotidiano y en las frustraciones que enfrenta al ser ignorado por quienes lo rodean.
La dirección y el guion de la película están a cargo de Josu Martínez y Jon Alonso, quien inicialmente propuso la idea que dio origen a «Potasio». La trama se desarrolla en un entorno urbano donde el protagonista, además de ser invisible para los demás, interactúa con varios personajes reconocidos de Bilbao, como Ramón Agirre y Mikel Martínez. Asimismo, la voz de un ascensor, interpretada por Arantxa Iturbe, juega un papel crucial en la narrativa, siendo el único que realmente se dirige a Joséba Potasio. A través de esta historia, se plantea una reflexión sobre la invisibilidad en una sociedad dominada por la tecnología.
Martínez, quien ha dirigido varios documentales a lo largo de su carrera, da un paso hacia la ficción con este cortometraje, el primero de su autoría. En sus palabras, el formato breve permite contar una historia de manera concisa, aunque reconoce que la distribución de cortometrajes puede ser complicada. Tras su estreno, aún no se ha confirmado dónde y cuándo se podrá ver «Potasio», aunque festivales vascos y plataformas en línea podrían ser una opción para su difusión.
El propio director describe su obra como una «comedia absurda». La premisa gira en torno a una situación en la que un hombre invisible hace un pedido en un café y no recibe atención. La gente que lo rodea está absorta en sus dispositivos móviles, ignorando sus necesidades. Este enfoque pone de manifiesto la desconexión social que provoca el uso excesivo de la tecnología. En la breve duración del filme, de trece minutos, el personaje principal utiliza dos objetos: un ascensor y un paraguas, que simbolizan su lucha por ser visto y escuchado.
La noción de «absurdo» puede tener connotaciones negativas, sugiriendo una falta de contenido más allá de la mera comedia. Sin embargo, Martínez defiende que este estilo de comedia puede ser un vehículo efectivo para abordar críticas sociales y políticas. A través de su trabajo, busca reflejar cómo la saturación tecnológica ha llevado a la deshumanización y al aislamiento. La historia de «Potasio» se inspira también en la obra de Franz Kafka, donde el protagonista, Joseph K, experimenta una transformación en un entorno que refleja la alienación moderna.
Durante el cortometraje, Joséba Potasio visita a un psiquiatra, donde se encuentra con el ascensor que, curiosamente, es el único que interactúa con él. A medida que avanza la trama, el protagonista empieza a cuestionar no solo su relación con la tecnología, sino también cómo su invisibilidad es reflejo de la percepción que los demás tienen de él.
La colaboración con Jon Alonso ha marcado un hito en la trayectoria de Martínez, quien ha trabajado con él en proyectos anteriores. Alonso explica que la idea del cortometraje surgió de sus propias experiencias con un ascensor que parecía hablar y reflexiona sobre cómo este concepto evolucionó hasta convertirse en el guion final. La crítica que subyace en «Potasio» no pretende ser una diatriba contra la tecnología, sino más bien un espejo que invita al público a reflexionar sobre cómo hemos llegado a depender de las máquinas.
Este trabajo representa la primera incursión de Jon Alonso en el ámbito audiovisual, aunque su relación con Martínez es de larga data. Recordando un intento previo de llevar una de sus obras a la pantalla, Alonso ha encontrado en «Potasio» una oportunidad para explorar la escritura para cine, un proceso que, según él, difiere significativamente del literario. Aprecia el trabajo en equipo necesario para crear una película, reconociendo que el resultado final depende de la colaboración de muchos profesionales.
Desde el inicio, la figura de Joséba Potasio, siempre acompañado de su paraguas, es una manifestación de la cotidianidad que a menudo pasamos por alto. El paraguas, un elemento esencial, se convierte en un símbolo de la humanidad del protagonista, quien busca conexiones en un mundo cada vez más despersonalizado. A través de referencias estéticas a cineastas como Jacques Tati y Charlie Chaplin, Martínez y Alonso consiguen dar vida a una crítica social que, aunque envuelta en comedia, resuena con la realidad contemporánea.
Finalmente, en la presentación de «Potasio», no solo se proyectó el cortometraje, sino que se realizó una lectura musicalizada sobre el tema de la invisibilidad. En esta reflexión, se abordaron las implicaciones de ser invisible en nuestra sociedad actual. Martínez subraya cómo la tecnología, aunque crea la ilusión de conexión, puede llevarnos a un aislamiento sin precedentes, convirtiendo nuestras ciudades en desiertos de soledad. En este contexto, el ascensor y el paraguas de Joséba Potasio se transforman en herramientas de resistencia y búsqueda de humanidad en un mundo que avanza velozmente hacia la deshumanización.





























































































