El documental «Gutun bat Kottori», presentado recientemente, se adentra en la vida de Jose Angel Altzuguren Perurena, conocido como Kotto, quien fue un destacado amante de la naturaleza y cuya historia ha resonado especialmente tras dos décadas de su fallecimiento en una prisión de Soria. La producción, impulsada por la asociación cultural Espidobaita de Bera, Navarra, busca ofrecer una mirada profunda sobre la vida y muerte de Kotto, ocurrido el 31 de octubre de hace veinte años.
El trabajo ha sido dirigido por Garazi San Martin Solano, nacida en Iruñea en 2001, y cuenta con el apoyo de Ekhiñe Zapiain Arlegi, quien desempeñó el rol de directora asistente. Antes de involucrarse en este proyecto, Zapiain apenas conocía detalles sobre Kotto, salvo por los eventos más significativos de su vida, como sus detenciones, las torturas que sufrió y su trágica muerte. La cinta se propone arrojar luz sobre estos acontecimientos y sus implicaciones.
A medida que avanzaba la producción, Zapiain y San Martin se dieron cuenta de que, a través de entrevistas a amigos y familiares de Kotto, podían empezar a reconstruir su personalidad. «Aunque nunca lo conoceremos como si hubiéramos estado a su lado, hemos ido formando un rompecabezas que revela su esencia», comentó San Martin. Los testimonios destacan la naturaleza «amigable», «humorística» y «comprometida con el euskera» de Kotto.
Zapiain reflexiona sobre cómo recordar las virtudes de una persona fallecida puede servir como un mecanismo para lidiar con el duelo. «Al escuchar anécdotas sobre Kotto, me di cuenta de que no se trataba solo de una estrategia mental para sobrellevar su ausencia», señaló. El documental revela que Kotto era un individuo que valoraba profundamente las relaciones personales y mantenía una perspectiva alegre incluso en momentos difíciles.
La narrativa del documental no solo se centra en la vida de Kotto, sino que también aborda el contexto de la tortura que sufrió. Se menciona que, antes de su segunda detención, Kotto estaba bajo tratamiento con antidepresivos. San Martin enfatiza que las imágenes de archivo reflejan un cambio notable en su estado antes y después de las torturas. «Sabemos cómo terminó su vida, pero no conocemos realmente cómo se sentía en ese momento. La tortura no ha terminado; sus efectos perduran en la sociedad», destacó.
Ambas directoras enfatizan que el documental es más que la historia de Kotto; es una reflexión sobre un sistema de opresión. La Sare de Torturados del País Vasco señala que se han registrado al menos 5.657 casos de tortura en investigaciones realizadas en el sur de Euskal Herria, lo que subraya la magnitud del problema.
El silencio y el miedo son palabras que surgen frecuentemente en las conversaciones sobre Kotto. La falta de información sobre su vida antes de las torturas fue un reto para el equipo de producción. Sin embargo, las entrevistas realizadas y las cartas que Kotto escribió se convirtieron en fuentes esenciales para contar su historia. San Martin reveló que, al principio, le preocupaba abordar el tema sin tener suficiente conocimiento, pero pronto se dio cuenta de que era una estrategia efectiva narrar desde la ignorancia inicial.
Zapiain también destaca la importancia del tiempo en el proceso de realización del documental. Considera que ha sido un relato integral, aunque reconoce que no abarca todo. «Este documental ha abierto la puerta a conversaciones sobre heridas que requieren sanación», concluyó. Ambas directoras coinciden en que el miedo y otras emociones complejas han influido en el silencio que ha rodeado a la historia de Kotto y a muchas otras personas en situaciones similares.




























































































