El ambiente en Albaola Itsas Kultur Faktoria ha cobrado nueva vida con la inauguración de AinguraOla, una ancorería experimental que no solo enriquece su oferta cultural, sino que también revive una técnica de fabricación de anclas que había caído en desuso desde hace siglos. Este espacio permite a los visitantes observar en tiempo real el proceso de creación de grandes anclas forjadas, similares a las que utilizaban los galeones del siglo XVI.
Diseñado como un taller dinámico, AinguraOla brinda una experiencia única, ya que según los responsables del proyecto, «no existe hoy en día ningún taller que fabrique anclas como se hacían en el siglo XVI». Este esfuerzo no solo se trata de la construcción física de un objeto, sino que busca recuperar un sistema técnico completo, como subraya Xabier Agote, presidente de Albaola. Este proyecto se enmarca dentro de las iniciativas de arqueología experimental.
AinguraOla marca un avance significativo en la revalorización de la tradición naval vasca. En una forja de gran escala, equipada con herramientas como fraguas y un martillo pilón, se imita el sistema de trabajo que empleaban las antiguas ancorerías de la región. La iniciativa ha sido desarrollada en colaboración con la Escuela de Herreros Ramón Recuero de Toledo, representando un hito en este ámbito de conocimiento.
Este proyecto se conecta íntimamente con la reconstrucción del galeón San Juan, un ballenero vasco que se hundió en el siglo XVI y cuyos restos fueron localizados en Red Bay, Canadá. Entre los hallazgos se encuentra una de sus anclas originales, que actualmente se exhibe en el museo y sirve de modelo para la reproducción exacta de estas piezas fundamentales. «El ancla no es un elemento secundario, es absolutamente crítico para la seguridad del barco», enfatiza Agote, añadiendo que para realizar una reconstrucción precisa del San Juan, es esencial replicar las anclas adecuadamente.
Antes de aventurarse en la creación de grandes piezas, el equipo de forjadores llevó a cabo múltiples ensayos con modelos más pequeños. «Ha sido un proceso largo, de prueba y error», explica David Correa, uno de los herreros del proyecto. Cada fase ha permitido al equipo acercarse a una técnica que había permanecido inactiva durante siglos.
AinguraOla no solo presenta objetos, sino que también se dedica a la reconstrucción del conocimiento. Los visitantes tienen la oportunidad de apreciar de manera directa la complejidad del oficio de la forja naval y la importancia de piezas que fueron esenciales para la navegación de su época. Detrás de cada ancla se encuentra un complejo entramado de ingeniería, oficio y recursos significativos, lo que convierte a esta ancorería en un elemento clave del patrimonio industrial y cultural de la región.
La ancorería se integra como uno de los aspectos más destacados de la oferta museística, destacando por su carácter experimental y su apertura al público. Durante fechas especiales, como la Semana Santa, el taller tendrá horario ampliado para aquellos que deseen vivir esta experiencia. Desde Jueves Santo hasta lunes de Pascua, el astillero-museo estará disponible para visitas de 10:00 a 14:00 y de 15:00 a 19:00. Además, del 2 al 6 se ofrecerá la posibilidad de ver la ancorería en pleno funcionamiento, representando una oportunidad única para observar cómo el hierro, el fuego y la técnica se entrelazan para revivir una tradición industrial que ha sido crucial en la historia marítima de Euskal Herria.
Más allá del proyecto específico, AinguraOla enfatiza el papel estratégico que Euskal Herria desempeñó a lo largo de la historia marítima europea. Desde la Edad Media, la región se estableció como uno de los principales núcleos de producción de componentes navales, gracias a su desarrollo en la industria forestal y siderúrgica. En el siglo XVI, Euskal Herria ya destacaba como uno de los pocos lugares capaces de fabricar anclas de gran tamaño, vitales para los galeones, que se utilizaban tanto en la guerra como en el comercio transatlántico.
Los puertos como la bahía de Pasaia y la ría del Oria fueron centros neurálgicos de esta actividad, donde linajes como los Gilisasti alcanzaron un prestigio que les permitió colaborar con diversas armadas europeas durante el auge de las potencias marítimas. Con estas iniciativas, AinguraOla no solo promueve la cultura, sino que también contribuye a la conservación de un legado que ha marcado la historia de la navegación en la región.































































































