El 16 de febrero de 1976, la planta de Michelin en Lasarte-Oria fue el epicentro de una huelga que se extendió durante más de cien días, paralizando una fábrica que en su momento era la más grande de Gipuzkoa, empleando a alrededor de 3.500 personas. Hoy, medio siglo después, extrabajadores de aquella movilización se han reunido para conmemorar esos momentos decisivos en la historia laboral de la región. Félix Pérez, quien formó parte de esta protesta, destaca la importancia de recordar y transmitir esta experiencia a las generaciones actuales: «Era fundamental para nosotros y para el pueblo de Lasarte», afirma.
El encuentro tuvo lugar en Villa Mirentxu, un antiguo caserío convertido en sede de servicios sociales, donde los participantes compartieron anécdotas y discutieron un programa de actividades que se organizará en los próximos meses. Esta huelga tuvo su origen en una serie de despidos en la planta de Michelin en Valladolid, lo que llevó a la solidaridad entre las distintas factorías de la multinacional. Pérez recuerda cómo, a pesar de la distancia, «Las tres empresas juntas nos sentíamos muy fuertes para poder ganar».
Rafa Díez Usabiaga, otro de los históricos del movimiento sindical que trabajó en la planta de Lasarte, resalta el carácter asambleario de la huelga, que fue clave para su éxito. «La asamblea fue el motor para abordar una huelga de tal magnitud», explica. En esta misma línea, Mikel García Arzelus, conocido como ‘Mikeli’, señala que la movilización no solo buscaba mejoras salariales, sino que era también una lucha por la dignidad de los trabajadores frente a la presión ejercida por Michelin.
Los testimonios de los extrabajadores revelan un ambiente laboral marcado por prácticas que ellos consideran «feudales». Según Pérez, el sistema era rígido y opresivo, lo que motivó la lucha por mejores condiciones. «Había que luchar porque no había libertad, usando todos los medios que teníamos», insiste.
El contexto político de la época, con la reciente muerte de Francisco Franco y la represión de los sindicatos, añade una dimensión crucial a esta lucha. «Los sindicatos eran ilegales y no había libertad de reunión», explica Pérez, lo que convertía cada acción en una declaración de principios. A pesar de la adversidad, la huelga logró empoderar a los trabajadores, quienes enfrentaron no solo a la empresa, sino también a un sistema que favorecía a Michelin.
El impacto de la huelga se sintió más allá de las paredes de la planta, siendo un símbolo de resistencia en un periodo de efervescencia social. Sin embargo, también dejó huellas dolorosas; se registraron 67 despidos y un ambiente de represión que continuó mucho después de su finalización. La memoria de aquellos tiempos se ha convertido en un legado que los extrabajadores desean transmitir a la juventud, utilizando materiales gráficos y organizando charlas en colegios para educar sobre la historia laboral.
Para el 15 de abril, se prevé una charla en el Instituto de Enseñanza Secundaria, donde algunos de los protagonistas narrarán sus experiencias. Posteriormente, el 7 de mayo, se celebrará una mesa redonda abierta a la población en la Casa de Cultura de Lasarte-Oria. Estas actividades no solo buscan recordar los eventos de 1976, sino también crear conciencia sobre la importancia de la lucha laboral en el contexto actual.
El programa de conmemoración aún está en desarrollo, pero los participantes ya han comenzado a recopilar fotografías y documentos que permitirán una exposición que rescate la memoria colectiva de la huelga. Este esfuerzo representa un reconocimiento a la valentía de aquellos que lucharon por sus derechos en un periodo de gran represión, y un llamado a no olvidar las lecciones que dejaron. La historia de la huelga de Michelin es, sin duda, una parte esencial de la identidad de Gipuzkoa y un recordatorio de la lucha constante por la dignidad en el trabajo.




























































































