La transformación del barrio donostiarra de Gros ha sido un proceso gradual y multifacético. Este antiguo distrito ha dejado atrás su imagen menos atractiva para convertirse en un lugar emblemático, donde la modernidad y la tradición se entrelazan. Elementos como el Sagüés han evolucionado para ser un punto de encuentro, mientras que el Kursaal se ha consolidado como un centro cultural esencial. Además, eventos como el Zinemaldia y el Jazzaldia han contribuido a forjar una identidad única para Gros, dotándolo de una atmósfera vibrante.
Los residentes de Gros, cariñosamente conocidos como «groseros», se enorgullecen de su barrio y su oferta gastronómica. Esta se caracteriza por una mezcla variada de establecimientos que van desde tabernas tradicionales hasta bistrós modernos. La diversidad culinaria se refleja en la proliferación de locales donde se puede disfrutar de tapas y platos mientras se pasea, creando una experiencia en la que cada esquina ofrece algo nuevo por descubrir.
Uno de estos lugares es el Humo, que ha reinventado el concepto de la pizza utilizando un horno de leña para ofrecer combinaciones innovadoras. Su carta incluye opciones que desafían las normas tradicionales, como la pizza de carbonara con panceta y parmesano, y otras creaciones que resaltan la creatividad de sus chefs. Este enfoque ha llevado al local a convertirse en un referente dentro de la oferta gastronómica de Gros.
Por otro lado, el Muka, ubicado en el Kursaal, ofrece una cocina que se basa en las brasas. Este restaurante ha desarrollado un estilo único, combinando la tradición vasca con influencias de diversas culturas. Su menú se centra en la calidad de los ingredientes, destacando los platos a la brasa, que van desde mariscos hasta verduras cuidadosamente asadas. La atmósfera de este establecimiento es relajada y se complementa con una selección de vinos bien curada.
El Topa sukalderia, parte del IXO Grupo, también destaca por su enfoque en la fusión de sabores de Euskadi y Latinoamérica. Platos como el tiradito de bacalao o las quesadillas elaboradas con tortillas caseras muestran una clara intención de mezclar técnicas y productos de diferentes orígenes, ofreciendo una experiencia gastronómica rica y variada.
Más allá de la diversidad culinaria, Gros alberga otros locales emblemáticos como Urkabe, que combina un ambiente informal con una atención al cliente excepcional. Su oferta de pintxos, que incluye croquetas y ensaladilla rusa, destaca por ser sencilla pero de alta calidad, atrayendo tanto a locales como a turistas.
El restaurante Alboka, fundado por tres jóvenes chefs que se conocieron en el Basque Culinary Center, también ha dejado su huella en Gros. Su propuesta gira en torno a la cocina vegetal, no solo en términos de ingredientes, sino también en la forma en que estos se presentan. Platos como las kokotxas de bacalao al pil-pil y los guisos de temporada son solo algunas de las ofertas que hacen de este lugar un destino gastronómico por excelencia.
El Bergara, con más de 75 años de historia, ha mantenido su esencia a lo largo de las generaciones. Continuando con la tradición familiar, ofrece pintxos elaborados que combinan presentación y sabor, en un ambiente acogedor que invita a disfrutar de la cultura del tapeo. Otro clásico es el Manojo, donde la cocina mediterránea se encuentra con productos locales de temporada, garantizando una oferta fresca y variada.
En la esquina de Gros, Basqueland Izakaia ha introducido un concepto innovador que combina la cerveza artesanal con una cocina asiática refinada. La variedad de platos que van desde baos hasta ramen refleja su compromiso con la calidad y la creatividad. Este local se ha convertido en un punto de encuentro ideal para los amantes de la gastronomía que buscan algo diferente.
Por último, el restaurante Erre destaca por su enfoque en la cocina contemporánea que une Euskadi y México. La calidad de sus ingredientes y la atención a los detalles en cada presentación hacen de cada plato una experiencia memorable. Desde el ceviche hasta la txuleta, cada bocado es una invitación a explorar sabores y técnicas de dos tradiciones culinarias que se complementan de manera excepcional.
En resumen, la evolución de Gros es un ejemplo claro de cómo un barrio puede reinventarse para convertirse en un referente cultural y gastronómico. La combinación de tradición e innovación ha permitido a este distrito no solo atraer a los locales, sino también a visitantes de todas partes, consolidándose como un destino imprescindible en la oferta de Donostia.





























































































